Literatura

20 de Diciembre

Tiempo estimado de lectura: 3 min
2022-04-29 por Laura Quiroz

Miércoles 20 de diciembre, nunca olvidaré esa fecha.

Era el día en que iniciaría mis estudios de postgrado en la universidad que tanto soñé y me esforcé para ingresar, una semana antes había ido a comprar la ropa que usaría en mi primer día de clases, todo estaba fríamente calculado como acostumbraba a serlo… bajo control.

Pero antes de contarles el desenlace, debo presentarles a alguien, a Francisco, Francisco era el amor de mi vida, fuimos novios en los dos últimos grados de secundaria del colegio, era demasiado especial conmigo, todo el tiempo podía sentir cuanto él me amaba y lo mucho que lo amaba, ver a Francisco era como ver una luz, la luz en sus ojos que siempre irradiaba, cuando entramos a la universidad decidimos irnos a vivir juntos, fueron años muy felices, hasta que llegó un momento en que todo cambió.

A Francisco ya no le gustaba que yo saliera mucho a la calle, ni siquiera sola, siempre me decía que en la calle coexistían muchos peligros y que él no era omnipresente para cuidarme, decidí hacerle caso, salía poco, me pedía que no me arreglara mucho que dejara de ser vanidosa, me exigió que le diera la contraseña de mis redes sociales y mi celular; porque eso era una muestra de mi lealtad hacia él.

Yo trabajaba en una gran compañía, sentía mucho aprecio de mi trabajo por parte de mis colegas, incluso me ofrecieron un ascenso y con los beneficios que obtuve fue más fácil matricularme en la maestría que toda mi vida soñé, así que estaba feliz, y esperaba con ansias que llegara ese 20 de diciembre…

Aquella mañana me desperté y sabía que no era un día inusual, sentía mucha paz, y todo tornaba muy tranquilo, muy diferente a como es la rutina normal de mis días, desperté, vi el amanecer desde mi balcón, caminé hacia la cocina porque tenía hambre y decidí preparar mi desayuno, pero me dolía mi todo el cuerpo.

Curiosamente, esa mañana cuando desperté no vi a Francisco, lo cual fue extraño porque me acostumbre a sus malos tratos por la mañana antes de irse a su trabajo.

Tome una ducha caliente, no suelo ser una persona friolenta, pero en este día en particular, sucumbía de frío.

Mientras me alistaba para ir al trabajo me vi en el espejo, me vi triste, como nunca, pude ver la tristeza a través de mis ojos, es como si la luz interna que todos tenemos se hubiese apagado justo en esa linda mañana.

Salí de casa y caminé hacia mi trabajo como lo solía hacer siempre, me despedí de don Juan, el conserje del edificio, pero no me respondió, me preguntaba si quizás estaba molesto conmigo o si Francisco le prohibió que hablara conmigo y por eso no me respondería.

Regresé a casa porque había olvidado mi celular, venía maldiciendo lo despistada que siempre solía ser, y cuando volví a la habitación, me encontré.

Era yo, estuve todo este tiempo en mi cama, estaba sin vida, aquella noche no la recordaba, pero Francisco habría cometido un homicidio, Francisco quien me juro amor eterno, esa noche me mató a golpes y yo no pude hacer nada.

Esa mañana yo estaba feliz porque ya no me encontraba viva, ya no tenía que continuar padeciendo el sufrimiento que llevaba consigo la vida, mi alma estaba contenta porque ya no seguiría lamentándose por existir.



Sobre la autora

Laura Quiroz

Escritora

Soy socióloga, al menos eso dice el cartón guardado en la biblioteca de mi casa.
Siendo rebelde desde el 31 de diciembre de 1996, me gusta escribir poesía y textos reflexivos, consciente de la dicotomía sobre cómo las palabras: construyen y destruyen.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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