Literatura

El suicida es un visionario

Tiempo estimado de lectura: 4 min
2020-12-18 por Simón Fajardo

"historias de muchachos asombrados"

- R. Bolaño.


Fumábamos de pie en un balcón con veinte años, viendo amanecer. Éramos cuatro y hablamos de la muerte y el futuro. Luego uno dijo que el suicida es un visionario y desde ahí nos quedamos callados hasta conciliar el sueño. Un balcón en el cuarto de un hotel de la juventud (en el último piso).

Lo siguiente fue que uno de mis tres amigos se suicidó. Seis años después del balcón. Se dispara. Los ojos en shock. Alto, moreno, el honor de ser fuerte, ahora se dispara.

Esto lo escribo 15 años después cuando ya creo que puedo. La última vez que lo vi tenía los ojos que brillan de angustia.


Lo conocí en la edad furiosa. Peleas del barrio. Por la familia un amor desbordante, quemón ¡Un hambre por la vida! hambriento, los brazos gruesos. Sus hermanos en el pecho, etc. Un sujeto que despertaba curiosidad y respeto, un deseo inexplicable, gozoso, por descubrirlo, conocerlo, y a la vez un tiento a invadir su atmósfera, y decirle no quiero ser abusivo. A parte, la superioridad: portaba la palabra seria, o sea, la decisión que se dice de primeras (los demás hacíamos un relleno de opiniones o simplemente unas pataletas, desde el temor y el amor, para no sentirnos tan desigual) y determina la colectividad o las acciones y pensamientos de la pandilla. Nadie quería decepcionarlo, todos queríamos ser agradables en el mayor grado posible para él. Él aceptaba su papel, su existencia social a regañadientes. Es decir, era consciente del porqué de los tratos exclusivos, la adulación..., pero quería agrandarlo, insatisfecho.

Yo ahora lo veo como una estrella de rock, más o menos, a escala: despertaba admiración por poseer el deseo general humano, reconocimiento, comodidad... Eso ya estaba gastado, desteñido, para él. Tenía es hambre en el alma porque comerse el deseo hace que se mutualiza -casi- incontrolablemente; nada saciado; un hastío por lo que está y el hambre es vacío. O bueno, es lo que humanamente puedo concluir tras 15 años. Sin embargo, se casó, y la pareja se amaba, tuvieron una hija. Qué dicha la de este tipo, el intrigante. Pero su amor, otra vez, sin bordes, casi que terrible o, por amor al sol, quedarse cinco minutos viéndolo sin parpadeos. Cuando se tiene mucha pasión en el pecho no se puede respirar bien en el cariño y el sosiego, era un sujeto realmente especial. Vinieron discusiones de lanzar vasos de cristal (que estallen, que maten las desmesuras del amor obsesión), tirar puertas impulsados por rencor, subirse al carro y acelerar, dejar todo atrás, como en un incendio.

Naturalmente se divorciaron. Cuando sucedió, hace tres o cuatro años, me dijo me parece increíble cómo las vidas se separan, y yo no le dije nada porque me deprimió muchísimo o estaba cansado del trabajo, de mi vida, lo que sea. Hendir la depresión con palabras tristísimas. No pudo comprender que las parejas se separan, separándose de sus hijos. Y luego, esa misma vez, me dijo ¿que ella encuentre otro amor, se casen y vivan juntos con mi hija y que esta le llame papá a él? insoportablemente es lo que viene.

Le pudo la vida.

Acertó. Increíblemente se cumplió su pronóstico. Porque se suicidó, y su hija quedó huérfana de padre, y el otro la adoptó.


Admiro a mi amigo. No se trataba de abrir los ojos ante la montaña rusa emocional y decir triste hoy, mañana feliz o una mera estabilidad en la vida, motivación. Ya no un mal rato, (en esas estuvo toda su vida) sino de advertir el futuro insoportable ¿cómo soportar/superar el mal rato de su hija en los brazos fraternales de otro? Soledad. El suicida no se dispara por el ahora, por los acontecimientos actuales a su periodo de vida sino por cómo esta se transformará en un futuro -sin salida-; capaz de ver los años que están lejos y se acercan, un vidente. Creo que es lo que quiso decir el amigo en el hotel: vidente, visionario.

Claro que hubo otros factores que despertaron la crisis.

Bancarrota: Si estuvo en la cúspide económica más alta de toda su familia, una realización laboral... (siempre acompañado del hambre ¡más, más!) Cayó. Tuvo una empresa y quebró, por motivos que no vienen al caso. Es decir, estar en la cúspide queriendo más ¡y caer!. Digamos (arbitrariamente, un ejemplo) estuvo en 50, quería 80, y la vida lo dejó en el 20. El 20 es un buen número, sin duda, un estándar, pero para él, el hueco.

La quiebra; Todavía no se había separado de su esposa cuando su mamá (o sea, la raíz humana para él en el mundo, su absoluto inicio, su patria. Todo desde el amor exagerado) falleció (cinco años antes de él dispararse), y no pudo repararse del asombro de la vida misma, natural. La existencia sin mamá es algo muy raro, lo divisaba (y divisaba la separación, la pérdida de la hija, el padrastro, la bancarrota sin su mamá), con la cara de impresión.



Sobre el autor

Simón Fajardo

Editor, Escritor

Poeta por necesidad y las vísceras. Escarbando la contemporaneidad, aficionado de los viejos estilos. Escribo porque no sé cantar y no canto porque no sé pintar.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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