Amanecía el día más hermoso, fuiste su sol resplandeciente
Al llegar el invierno, fuiste cálido abrigo que apartó el frío
¿Cómo olvidarte, cuando fuiste tú quien irradiaba mi oscuridad?
Tus besos llegaban para apaciguar la anarquía en mi interior
Mientras tu dulce melodía rompía el tétrico silencio a mi alrededor
Cuando vino el quebranto, fuiste tú el más dulce consuelo
Cuando llegó la tormenta, fuiste tú quien trajo la calma
Y tu mirada… Tu mirada fue brújula entre la tempestad del mar
Y si los dos parecíamos ser uno, mi amor,
Al final fuiste lo que solo fue y jamás volverá a ser
Las nubes grises del destino nos consumieron.



Sobre el autor

Alejandro Sánchez

Podcast, Editor, Escritor

Alejo, o Flaco, para los amigos. Ingeniero civil, miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros y voluntario 4 años en AIESEC. Cuento con cursos en historia, ciencia, filosofía y religión. Amante de la vida, escritor apasionado. “Todo hombre es bueno a los ojos del Gran Espíritu” –Toro Sentado.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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