Literatura

La melancolía de los feos

Tiempo estimado de lectura: 3 min
2020-11-06 por Andrés Camacho

Por mucho tiempo estuviste desesperado, tus últimos pensamientos del día estaban dedicados a reflexionar sobre cómo podrías solucionar este problema, o si al menos era posible disimularlo un poco, nunca encontraste la respuesta: Serías feo por el resto de mi vida.

Por alguna razón, desconfían de los feos. Nos han logrado vender la idea de que el malvado es horrible, un monstruo no sólo físico sino moral. Durante muchos años, casi todos los villanos de las películas han sido feos. Estos no encuentran la felicidad, terminan viviendo con recelo y en soledad. - Paquito, no te vas a casar, pero no pasa nada, te pondrás a estudiar y vivirás lo más feliz que puedas -.

No es mi culpa que saliera feo, algunos bebés se hacen lindos, pero yo nunca mejoré mi aspecto. Mis papás no son atractivos, no deberían dejar que los feos se reproduzcan, solo crean desgracias en el mundo. Así como le hacen control de natalidad a los pobres, lo deberían hacer con los feos. Se nos acaban todos los problemas sociales, una menor probabilidad de nacer miserable.

Mi mamá me trataba diferente por ser feo. Sabía que por eso no iba a las reuniones en mi colegio. Ella se había operado para tener un mejor cuerpo, solo le faltaba la cara y con el tiempo lo logró. Nací con su maldición, ¿Cómo amar a un hijo con la misma condición la cual trataste de eliminar toda tu vida? Lo creo imposible.

La primera niña que me gustó en la vida se llamaba Gabriela, me le declaré en el recreo y me dijo: - pero tú hueles raro -. Pensé: - aparte de feo, huelo a mierda -. A la semana, me robé la loción de mi papá, pero ella mirándome con sus ojos azules me gritó: - a ti lo que te falta es como presencia -. No le entendí.

No importa, Paquito, como reza el dicho: -es mejor vivir solo que mal acompañado -. Te pusiste a estudiar duro en la Universidad. Salías a tomar cerveza con tus compañeros, pero nunca te pudiste levantar una vieja en esas. De hecho tus amigos te pedían que te fueras temprano de la fiesta, porque ninguna niña quería quedarse contigo. Aunque había tres hombres para tres mujeres, la que quedaba prefería irse temprano.

Aún así has tenido novia Paquito, sabías que podías ofrecer dinero, al menos, en la relación. Trabajabas haciendo ensayos en la Universidad, pero en vacaciones no tenías ni para invitarle a un café. Y como decía mi abuelo: -Cuando el dinero sale por la puerta, el amor salta por la ventana-. No pasa nada, si no te quiere tu propia madre, qué esperas de otra persona. Lo entendiste con el tiempo, es decir, a las malas.

Además no eres de esos tipos que miran mujeres en la calle, sabes que nunca se interesarían en ti. Te verás como un acosador más. Un acosador feo, el típico villano de película hollywoodense. No te operes, Paquito, esas cirugías duelen mucho, no sabes en qué persona te puedes transformar. Sigue así, que a diferencia de lo que digan los otros, importa más quién eres por dentro.



Sobre el autor

Andrés Camacho

Director General

Politólogo, cofundador de la Revista Cara & Sello, amigo de la música y la literatura. Columnista semanal, escritor por conveniencia.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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