Literatura

Zoom in al desamparo

Tiempo estimado de lectura: 3 min
2021-07-02 por Simón Fajardo

Burbujas y silencios que agobian. Alguien está exigiendo explicaciones. Las ojeras son bolsas escurridas oscuras que dan el aspecto de despojo al que no quiere aparentar tristeza. La vida y el amor son juegos donde uno llora sangre y suda semen. La fidelidad de las parejas era un jugo fresco y de pura natura que nadie bebió y casi que se pierde sino es porque – última instancia – hidrató a los perros callejeros y finalizó como su orina en calles o esquinas o postes o árboles que nadie se imagina, pero que alguien intenta. (voz del autor: lo que pasa después del fin). Un beso que se dan dos muchachos a pleno sol sin darse cuenta que solo alimentan el olvido negro. «todo ha pasado» dice «pero eso no es lo terrible, sino que dejó una señal de que todo ha pasado». Como quien se sube al bus solo unos instantes después de haber apagado su cigarro. Algunas señoras abren las ventanas para que se despeje el pasillo del olor gris, otras, las más, dejan todo estancado y espeso para que sea su culpa su joroba y, por lo tanto, su excusa para la existencia. Un muchacho escucha al mar que dice te comeré jeje. Mientras su cabello largo bailaba como una bandera en lo alto de la asta. El muchacho escribe poemas como matar moscas gordas dando aplausos. Alguien está insultando desde el orgullo insultado. Luego se escucha la voz de Nicanor, o la voz de Nicanor a través de la voz del muchacho diciendo yo me he portado mal, la poesía se ha portado bien. El muchacho cree estar en una película de humor y terror, donde la sangre es de verdad, pero el susto y el suspenso se practican en medio de risas. Una nube amarilla se levantaba en medio de la carretera sin pavimentar, que envolvió a turistas y parroquianos, al muchacho solo medio cuerpo. Entonces anduvo por avenidas del amor y el cuidado con medio cuerpo empolvado de lo que pasó y medio cuerpo dispuesto a lo que pase. Dos muchachos se besan sin entender que compran las exequias y, por indiferencia a la autodestrucción o puro encantamiento, se prometen fidelidad, como si no se nos respingara el corazón dentro del esqueleto a todos y a cada uno de nosotros, las ansias. Se siguen besando, como quien abre sin misericordia una herida que todavía no existe. El muchacho es poeta, pero no tiene nada en los ojos. La muchacha está viviendo y eso la hace feliz. Él está asombrado; ella está viviendo. Él está estancado en un, digámosle así, rincón pantanoso pensando: voy a respirar. Y respira. Ella está llenando sus pulmones violentamente, sin pensar en nada. Entonces el poeta piensa en la injusticia, pero también piensa en la poesía y en que el sufrir exageradamente solo son unos cuantos versos del poema, pero al fin y al cabo versos que no pueden dejar de estar. «rifarse el orgullo o, cosa peor, la dignidad» dice «por un par de versos inconexos» como no hallar otra solución que romper todas las secuencias y sostener la luz y los trayectos del tiempo en partículas, como el polvo o la juventud. Ese alguien exige explicaciones, pero sobre todo detalles. Igual hacer zoom in en su desamparo y auto conmiseración.



Sobre el autor

Simón Fajardo

Editor, Escritor

Poeta por necesidad y las vísceras. Escarbando la contemporaneidad, aficionado de los viejos estilos. Escribo porque no sé cantar y no canto porque no sé pintar.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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