Política

“¡A parar para avanzar!”

Tiempo estimado de lectura: 4 min
2021-05-11 por Daniela Pedraza

“Si la gente pudiera ver que el cambio se produce como resultado de millones de pequeñas acciones que parecen totalmente insignificantes, entonces no dudarían en realizar esos pequeños actos.” – Howard Zinn.

Hace unas semanas, y con el auge e influencia cada vez mayor de las redes sociales, circuló el video de un hombre que en medio del pasillo de un avión no solo alza su voz para mostrar su inconformidad en contra de la tan sonada Reforma Tributaria, propuesta por el gobierno del actual presidente Iván Duque, sino que también hace un llamado a todos como colombianos de prácticamente: despertar. Días después a este video, se hizo el anuncio por parte de sectores sociales de un paro nacional para el día 28 de abril que se ha prolongado ya por varios días.

Esta clase de videos son cada vez más frecuentes y el hecho de que se viralicen resulta actualmente de total normalidad. Sin embargo, dio la casualidad de que hace unos días me encontré, también por redes sociales, una imagen que tenía la frase: “no se queje y párese duro, que esto cambia”. Esto se me vino a la mente de inmediato al escuchar las firmes palabras de este hombre, quién en pleno avión mencionaba la necesidad de manifestarse y movilizarse, de una forma pacífica, claro está, en contra de lo que el actual gobierno quería hacer a los bolsillos de, por qué no decirlo, “la gente de a pie.”

Esto de “colombianos sin distinciones” pasa a ser solamente una unión de palabras que pierden sentido debido a lo que podemos ver en las calles y en los rincones de la mayoría de las ciudades del país.

En un país como Colombia, en el que es bastante complicado y, desde luego, en ocasiones peligroso, exponer un pensamiento, este tipo de acciones se convierten no solo en actos de total valentía, sino también en elementos fundamentales para pensar en mejorar la democracia y realidad de nuestro país. Además, personalmente, me invita a cuestionarme, lo que en ocasiones doy por perdido, y es el hecho de pensar que aún tenemos esperanza como país.

Por pequeño que parezca y por insignificante que puedan ver muchos lo que hizo este hombre, para mí, en medio de tantas complicaciones económicas, sociales y políticas que vive el país actualmente, en medio de la corrupción, desinterés y la desidia de la mayoría de colombianos con respecto a su realidad, existe esa chispa y ese impulso en algunos que lleva a generar actos que pueden crear la idea de tener una lucha por la búsqueda de un bien común, algo que conseguir pero en colectivo y como lo que deberíamos entender que somos: colombianos sin distinciones. Soy consciente, no solo como colombiana, sino también como socióloga, que esto de “colombianos sin distinciones” pasa a ser solamente una unión de palabras que pierden sentido debido a lo que podemos ver en las calles y en los rincones de la mayoría de las ciudades del país.

Sin embargo, atada a esa esperanza que revivió en mí por estos días, está el firme pensamiento de que la lucha colectiva que menciono, solo se logrará establecer bajo un verdadero compromiso, en el que se tenga como foco principal el empezar a transformar la apatía en acciones colectivas que estén motivadas por un verdadero interés en el país. Sumado a esto, también está la necesidad de cuestionarse cada día y de cultivar la creencia y el deseo de mejorar las condiciones de vida con las que hoy contamos. Es importante adquirir el compromiso de cambiar no solo nuestra realidad sino también la del otro: la del vecino de la tienda de mi barrio, la de mi familia, mis amigos, pero también la del desconocido. Creer que yo puedo impactar y ayudar a mejorar la vida de otras personas.

La lucha colectiva solo se logrará establecer bajo un verdadero compromiso, en el que se tenga como foco principal el empezar a transformar la apatía en acciones colectivas

Toda esta reflexión, viene unida a una frase que escucho comúnmente en las marchas: “¡a parar para avanzar!”. Y sí, en muchas ocasiones lo único que necesitamos es parar: parar de ver con indiferencia lo que pasa en las calles de nuestros barrios; parar de ver al otro como un contrincante; parar de ser apáticos, indiferentes; parar de buscar la oportunidad de tener todo fácil; parar de tener en la mente el pensamiento de “el vivo vive del bobo”; parar el egoísmo; pararse en el pasillo de un avión para recordarles a los colombianos que es necesario pararnos por lo nuestro, por lo que queremos, por lo que no nos gusta, por lo que no pensamos permitir que se nos imponga. Es por esto que, sin lugar a duda, afirmo que cuando como colombianos logremos parar, empezaremos a avanzar.



Sobre la autora

Daniela Pedraza

Escritora

Mujer. Colombiana. Socióloga con Mención en Derechos Humanos y Justicia Transicional. Enamorada de los perros, los girasoles y los atardeceres. Con interés y amor por los temas, luchas y causas sociales.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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