Política

Bogotá en 20 minutos

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Imagínate poder acceder a todos los servicios públicos y a tu trabajo, en un radio de 20 minutos caminando. Esta es la propuesta que plantea la alcaldía de Claudia López sobre la organización de Bogotá. Actualmente, la ciudad está compuesta por veinte localidades, desde 1957, muchos municipios se unieron a la ciudad, y estas así pasaron a consolidar la gran urbe que conocemos hoy: Engativá, Fontibón, Suba, Usme, Usaquén y Bosa. El nuevo Plan de Ordenamiento Territorial de la administración de Claudia López pretende la creación de distritos, sin eliminar las localidades. Los distritos serán unidades de planeación, es decir, se enfocarán en los proyectos urbanos, mientras que las localidades tendrán las mismas funciones administrativas. Es decir, existirán veinte localidades, así como treinta distritos.

Con la creación de estos distritos, la intención de la Alcaldía es consolidar una ciudad de 20 minutos. Esto quiere decir que los habitantes deben tener acceso a la vasta mayoría de servicios, así como a su trabajo, sin desplazarse por más de 20 minutos prevaleciendo el uso de la bicicleta o trayectos que pueden ser caminables.

Carlos Moreno es uno de los expertos que trabajó con la Alcaldía de París para la creación de un concepto que redujera los desplazamientos en términos de tiempo. Esto surgió como respuesta al hecho de que la pandemia no permitió la libre circulación. Así mismo, asegura que la consolidación de esta estrategia le permite a las ciudades una recuperación económica significativa, al mismo tiempo que ayuda a la reducción de la contaminación.

En su libro titulado Ciudades en cuarto de hora, Moreno habla de la necesidad de vincular tres fines importantes: el medio ambiente, la economía y la sociedad. La conjunción de estos fomenta ciudades equitativas, vivibles y así mismo, una durabilidad de los beneficios para los derechos de sus habitantes. Lo anterior, se traslada a un concepto de organización de ciudad: el chrono – urbanismo.

Este concepto rompe con la idea de la estandarización de lugares de la ciudad, que están destinados para un solo uso. Por ejemplo, el hecho de que existan barrios dedicados únicamente a la reparación de vehículos. Así como la existencia de sectores destinados a la comercialización de calzado, debido a la cercanía en la localización de los vendedores de insumos. A juicio de Moreno, se conserva una descentralización de las prácticas sociales y los modos de vida. Esto conlleva a una suerte de ansiedad social, que ayuda a una menor actitud productiva por parte del ciudadania.

Por lo tanto, el chrono-urbanismo pretende integrar dimensiones temporales en el entramado urbano, logrando así combinar lugares y movimientos de tiempo. De esta forma, se crea la construcción de un imaginario del tiempo en diversos territorios y la apropiación se convierte en un derecho. Los nuevos espacios se consolidan como lugares donde se realizan múltiples tareas y se solucionan problemáticas. Esto puede traducirse en el derecho a la ciudad, descrito por Lefebvre, donde existe un esfuerzo de los habitantes por lograr una mayor injerencia en la definición de las políticas urbanas.

Por otra parte, el autor precisa la necesidad de asegurarle, a los individuos, un espacio público donde puedan disfrutar eventos culturales se conviertan en focos de producción y la densidad en ciertas zonas de la ciudad se reduzca. Pero estos espacios deben asegurar la multifuncionalidad, donde los ciudadanos puedan reunirse, exista inclusión a los discapacitados y se fomente la diversidad cultural y de género.

Sin embargo, no existen fórmulas mágicas para crear una Bogotá en 20 minutos. Esta perspectiva olvida las desigualdades espaciales que tienen las capitales latinoamericanas. Por ejemplo, excluye la idea de que muchas personas que trabajan en Bogotá viven en los municipios aledaños a la capital. Así mismo, no está pensada para los asentamientos informales que tienen poca o carecen de una oferta mínima de servicios públicos. ¿Deberían garantizar primero la formalización de estos barrios? Esta es una tarea que le ha costado a cada Alcaldía fortalecer en los últimos 30 años.

En conclusión, parece que la idea del chrono-urbanismo puede crear una Bogotá de 20 minutos, pero solamente para un sector de la población. Es una pretensión que puede aliviar la crisis económica de los pequeños negocios de barrio, sin embargo, no asegura que un individuo, que vive en un asentamiento urbano informal, pueda acceder a su trabajo y a los servicios públicos necesarios, como lo haría una persona que vive en una zona diferente de Bogotá.



Sobre el autor

Andrés Camacho

Director General

Politólogo, cofundador de la Revista Cara & Sello, amigo de la música y la literatura. Columnista semanal, escritor por conveniencia.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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