Política

Cuarentena 4.0 sin WiFi

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La primera revolución industrial dejó una lección que aún tiene vigencia: el progreso se da en la medida en que la sociedad abraza la innovación tecnológica. Esta revolución marcó el comienzo de la producción mecánica entre 1760 y 1840; la segunda revolución, a finales del siglo XIX, posibilitó la producción en masa, que fue propiciada por la electricidad. La tercera revolución industrial, 1960, también llamada la revolución digital, fue catalizada por avances como la computación y el internet.

Parece que hubiese transcurrido mucho tiempo y que el mundo necesitaría hacerle frente a los avances y retos de la cuarta revolución industrial. El internet generalizado y móvil, la inteligencia artificial, el aprendizaje de la máquina, la nanotecnología, entre otros, son avances que están generando un cambio radical en las estructuras sociales y en los sistemas económicos de nuestra época. A nivel social los expertos prevén que existirá malestar social, migraciones masivas, extremismo violento provocado por la dinámica de suma cero entre los países y dentro de estos. Las personas necesitarán la certeza de que van a encontrar un trabajo significativo, pero las plazas laborales sufrirán una gran transformación. La clase media se verá presionada por el aumento de la desigualdad ya que los puestos de altos ingresos y bajos ingresos aumentarán, pero los de ingresos medios tienden a desaparecer. De igual modo, epidemiólogos británicos como Wilkinson y Pickett aseguran que las sociedades desiguales tienden a ser más violentas, así que tendrán un mayor número de presos, bajos niveles de confianza, segregación y reducción en los resultados académicos de niños y jóvenes.

Además, según Schawab, los cambios en el crecimiento, la competitividad y la productividad mundial están modificando los sistemas económicos. Debido a la cuarta revolución industrial, el crecimiento del PIB global disminuirá, además para corroborar que esta afirmación es cierta se requiere nuevas formas de medición, ya que, sorprende que el aumento de la productividad disminuya cuando se supone que la tecnología elevaría tal cifra. En cuanto a la competitividad de los países, no está siendo guiada por el bajo costo de mano de obra, así que habrá una tendencia a la relocalización de fábricas. Se transforma el papel del capital porque ahora las empresas no requieren enormes inversiones como, por ejemplo, WhatsApp.

Sin embargo, según el análisis de Klaus Schwab, en algunas partes del mundo, en pleno siglo XXI, las innovaciones de la segunda y tercera revolución industrial no han sido experimentadas en su totalidad; tampoco se han afrontado los desafíos. Puesto que, aproximadamente el 17% de la población mundial no tiene acceso a electricidad y 4.000 millones de personas no tienen internet. Así pues, por ejemplo, los avances que dejó la primera revolución industrial en 1840 en Europa tardaron casi 120 años en difundirse. Esto quizá para muchos podría significar una ventaja, pero realmente solo ha dejado rezagados a países como Colombia, en gran medida, por falta de voluntad política y por un complejo entramado social, político y cultural.

A nivel nacional hay una gran deficiencia en competitividad digital, tal como lo mencionó el diario Portafolio. En el ránking 2020 del IMD World Competitiveness Center, Colombia ocupa el puesto 61 de 63 economías analizadas, lo cual supone que el país lleva 5 años de caídas y estancamiento, pues en el 2019 se encontraba en el puesto 50 y en el 56 en el 2016. También, supera únicamente a Venezuela, lo cual sorprende negativamente a los expertos que ven el rezago frente a los demás países de la región.

Medellín fue la ciudad elegida como foco para la generación de conocimiento acerca de tecnologías emergentes para América Latina.

Paradójicamente, a principios de 2019, en Medellín se inauguró el Centro para la Cuarta Revolución Industrial Colombia, un espacio que busca co-crear y probar protocolos, marcos regulatorios y políticas que permitan maximizar los beneficios y reducir los riesgos de tecnologías de Industria 4.0, como Inteligencia Artificial, Blockchain y registro distribuido, Internet de las cosas, robótica y ciudades inteligentes, según Ruta Medellín. Así pues, este es un Centro afiliado al Foro Económico Mundial y hace parte de una red que cuenta con ciudades como San Francisco, Tokio y Beijing. Medellín fue la ciudad elegida como foco para la generación de conocimiento acerca de tecnologías emergentes para América Latina.

Durante la inauguración del Centro, el presidente Iván Duque expresó: “Aquí empieza la construcción de nuestra Cuarta Revolución Industrial” “Estar aquí, en el lanzamiento de este centro es ver a un país entero que quiere unirse, desde el gobierno nacional, los gobiernos locales, el sector privado y la academia para identificar los emprendimientos de la Industria 4.0”... En todo caso, el Centro se enfocará, inicialmente, en seis frentes de trabajo con impacto directo en los habitantes de Medellín y se espera que más adelante llegue a otras ciudades. Los frentes son: Infraestructura TIC para la equidad; Internet de las Cosas para mejorar la movilidad; Mejoramiento en los procesos y efectividad en la labor por parte de las entidades de control a través de la inteligencia artificial; fortalecimiento de la política criminal y la seguridad ciudadana a través del uso de herramientas de inteligencia artificial; políticas públicas para la adopción de blockchain; catastro fundamentado en diseño de políticas para fomentar el manejo transparente de los datos relacionados con los bienes y la trazabilidad de la propiedad de los mismos.

Además, al ser uno de los países firmantes de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) desde 2015, Colombia tiene el compromiso de avanzar en la reducción de la brecha digital, pues es un punto crucial para garantizar el acceso igualitario a la información y el conocimiento, y promover la innovación y el emprendimiento.

Pero los compromisos de Colombia con agendas mundiales, los discursos de los gobiernos y muchas posturas de política exterior del país poco concuerdan con la realidad nacional. Es algo muy parecido a la bellísima Constitución de 1991: con una parte dogmática casi poética y una parte orgánica supremamente acorde con las necesidades del país, pero que no se ve reflejada en la realidad social y económica de Colombia, y lo que se ha implementado mezcla de manera inapropiada modelos y sistemas de organización territorial. Por eso en materia de avance tecnológico podemos encontrar que, en promedio, solo el 50 % de los hogares tienen acceso a internet. Y, al revisar las cifras por estratos, la brecha es demasiado evidente: el 21 % de los hogares de estrato uno tiene acceso a internet, mientras el 99,8 % de los hogares estrato seis están conectados, según la revista Forbes. Aun así, el presidente afirma que vamos por buen camino en la construcción de nuestra Cuarta Revolución Industrial.

Al revisar las cifras por estratos, la brecha es demasiado evidente: el 21 % de los hogares de estrato uno tiene acceso a internet...

No solo las cifras, también la pandemia ha hecho ver la contradicción que existe entre las afirmaciones del presidente y la realidad, ya que si bien las cifras oficiales sólo reportaron un 4,5% de deserción escolar, la complejidad de muchos estudiantes de estratos bajos y zonas rurales que han tenido que desplazarse a zonas urbanas para acceder a clases virtuales o abandonar las clases durante el año 2020 a causa de no tener acceso a internet, esto reafirma los argumentos de Schwab: en los países en desarrollo la innovación tarda mucho en ser desplegada en toda la población.

Dentro de las luchas positivas está el Proyecto de Ley No. 324 de 2020 Senado, No. 109 de 2020 Cámara “por medio del cual se declara la Ley de Internet como servicio público esencial y universal”, el cual fue aprobado por la Comisión Sexta en primer debate. La senadora ponente Ana María Castañeda Gómez (Cambio Radical) explicó: “Un paquete de internet en Colombia cuesta 2.5 veces más de lo que se paga en otros países, nuestro país tiene la tasa más baja de suscripciones; estamos rezagados y muy por debajo de la media de otros países”. Así que el proyecto tiene un amplio alcance social pues busca que más personas accedan a Internet, más ahora en tiempo de pandemia.

Si bien el mundo se mueve de manera acelerada para aprovechar las innovaciones de la cuarta revolución industrial y en los países desarrollados (China, Japón, Alemania, EE. UU.) la formación académica de la mano con la investigación potencializa y maximiza los beneficios, Colombia continúa adaptándose y respondiendo a los retos de la tercera revolución. Además, el discurso y las decisiones que se adoptan en concordancia con las agendas globales, no parece tener mucha sintonía con las realidades locales y la educación ocupa los últimos renglones en la agenda de gobierno.



Sobre el autor

Camila Lemos Ortiz

Escritora

Politóloga, asesora política y escritora. Si hay un país que amo es Colombia, si hay algo que me inquieta y me ocupa son las instituciones nacionales y el conflicto interno. Soy aficionada a la música y también a la filosofía política. Creo que la curiosidad salvó al gato…


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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