Política

El cortoplacismo de nuestras democracias

Tiempo estimado de lectura: 7 min

En plena época preelectoral, como todos, he podido escuchar algunas de las propuestas que lanzan nuestros honorables candidatos para solucionar el desastre de sociedad que tenemos. Sin embargo, entre propuesta y propuesta, se pueden visualizar una tendencia clara en torno a un fenómeno común de este lado del globo: las visiones a corto plazo de nuestros gobernantes.

Parece ser que el solucionar los problemas superficiales de nuestra sociedad, en vez de buscar medidas a largo plazo, es una tendencia común de todos nuestros gobiernos, aún si eso implica comprometer el futuro social, económico o político de nuestras sociedades. El asunto radica entonces en el ¿por qué poner parches a problemas de fondo, en vez de buscar el ser sostenibles a lo largo del tiempo?

La respuesta a esa pregunta se encuentra en la misma naturaleza de nuestras democracias, cuyo sistema incentiva a nuestros gobernantes a pensar en el corto plazo antes que en el largo. Propio de nuestros presidencialismos y su consecuente limitaciones de mandato1, el largo plazo y las preocupaciones a futuro no venden dentro de las campañas políticas.

El ejemplo de las pensiones

Entre dichas propuestas, encuentro una muy preocupante para el futuro de las finanzas del país: el tema de las pensiones. La propuesta, presentada por el candidato Gustavo Petro, consiste en introducir en Colombia el modelo pensional que tiene hoy en apuros las finanzas españolas: el sistema de reparto. La idea fundamental consiste en que la población activa –adultos de entre 18 a 60 años-, paguen con sus aportes al sistema las pensiones de los jubilados.

Este modelo es eficiente en tanto exista una pirámide poblacional en alza ¿A qué hace referencia esto? Que exista más gente trabajando que gente jubilada. De esta forma, 2, 3 y hasta 5 personas pueden llegar a pagar la pensión de un jubilado, dependiendo del caso poblacional del país en cuestión.

España implementó su modelo durante el apogeo de su población joven, dando paso a pensiones más que generosas para los jubilados a costa de la solidaridad generacional. Colombia se encuentra hoy en una situación semejante a la española del siglo pasado, con una pirámide poblacional óptima para dicho modelo. Por tanto, a corto y mediano plazo, la propuesta es viable.

Sin embargo, la medida a largo plazo nos llevará al mismo destino de los españoles. Los indicadores muestran cómo la natalidad cae constantemente como fenómeno mundial. Ni siquiera es necesario detenerse en los datos para darse cuenta de que los hijos son menos deseados, dado una serie de cuestiones como el costo de vida o las aspiraciones personales.

Dicha tendencia mundial ya alcanzó a los españoles, que hoy canibalizan a sus jóvenes en pos de sostener un modelo inviable en el tiempo, como lo es el sistema de reparto en un mundo de natalidad a la baja. Colombia, al ser una sociedad de menores ingresos, no le bastará con canibalizar a aquellas generaciones futuras. Sin la población suficiente, tú y yo, los destinados a aportar al sistema pensional de reparto según la propuesta del candidato Petro, nos enfrentaremos a la dura realidad de no recibir dicha promesa de pensión, dado que no habrá quien las pague a largo plazo.

El cortoplacismo de nuestra democracia

Esto no es un ataque a la campaña del candidato Petro, sino la visualización de un fenómeno más allá de una medida perjudicial para nosotros a largo plazo: la visión cortoplacista de nuestros dirigentes, producto de las demandas del sistema democrático que hemos construido. La triste realidad radica en que la propuesta es útil a corto plazo, para los intereses del candidato.

La medida garantiza las pensiones de los jubilados actuales a costa de nuestra población joven, los cuales ven lejana la promesa de pensión. Para cuando sea incumplida, no recordarán al culpable original que impuso un modelo inviable a largo plazo, sino que le echarán la culpa al dirigente de turno, que pondrá en jaque nuevamente las finanzas públicas y a la sociedad en general.

El mismo empeño de la sociedad a futuro lo hemos visto miles de veces en la región. Las medidas de Rafael Correa en Ecuador o del peronismo en Argentina son muestra de cómo podemos empeñar el futuro de un país a costa de solucionar problemas actuales. El sistema de Transmilenio emprendido por Enrique Peñalosa es otro ejemplo de una mentalidad cortoplacista. La solución barata o práctica a corto plazo comprometió la movilidad de la ciudad, dejando como resultado a la capital colombiana -una de las urbes más grandes de la región- con uno de los peores tráficos del mundo, junto las discusiones constantes de un metro prometido desde los años 90’s. Promesa nunca cumplida.

Es por esta misma razón que propuestas como la del empresario Sarmiento Angulo, enfocada en el desarrollo de los Llanos, no tienen cabida en el escenario político. Nuestra visión a corto plazo, potenciada por los problemas actuales y el mismo sistema presidencialista de mandato limitado, lleva a obviar los problemas de fondo y las oportunidades de crecimiento a largo plazo.

El desarrollo de los Llanos, propuesto por el empresario más rico de Colombia, no es una propuesta que interese a las élites políticas ni al ciudadano común porque no se verá reflejado en 4 años de mandato, sino en una década entera de trabajo y planeación. Lo mismo pasa con respecto a la reforma pensional propuesta por el candidato Petro, o la emisión descontrolada de moneda proyectada muchas veces por gobiernos socialdemócratas irresponsables, como el peronismo en Argentina.

El presidencialismo como problema

En ese sentido, los sistemas parlamentarios nos llevan ventaja considerable. No se trata solo de la necesidad de limitar los mandatos presidenciales -dado el poder abrumador de nuestros presidentes-, sino en los partidos políticos. Se necesitan visiones claras de sociedad que se extiendan a largo plazo y que se consoliden en el tiempo. En el caso de los parlamentarismos europeos, estos permiten el planteamiento de un proyecto de sociedad perdurable a través de partidos sólidos que se mantienen largos periodos en el poder, sin poner en riesgo las estructuras democráticas que los han elegido.

Deberíamos empezar a cuestionar cuáles son los proyectos de sociedad que queremos a largo plazo y que estos se materialicen en un sistema democrático que no se ocupe sólo del presente, sacando soluciones rápidas y dañinas a largo plazo. En la medida en que el sistema nos pida pensar a corto plazo, las soluciones nocivas seguirán apareciendo de varios lados de la moneda, poniendo un parche sobre otro para problemas de fondo.

  • 1. Cabe mencionar, necesarias según este tipo de sistemas.


Sobre el autor

Santiago Ramírez Sáenz

Escritor

Politólogo en formación, con aspiraciones a futuro en antropología, filosofía y economía, entre las que se puedan aparecer en el camino. Gran apasionado de la ciencia y la tecnología, eje central de mi trabajo académico y mi proyecto de vida. Bachatero y salsero, aunque no lo parezca. Gran fanático del sueño interestelar y nerdo de nacimiento.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



Cargando comentarios...
Scroll to Top