Política

La larga noche del 28 de abril

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“Nos quedamos sin dinero” “no tengo derecho a enfermarme” “no me falte el internet” “no hay pollo, carne”, “No hay plata para el arriendo”, “no hay empleo”, “hay que escoger entre alguno de los 3 golpes”, “me despidieron por la cuarentena”, “no tengo para pagar el internet de mis clases”, “no puedo enfermarme o ¿quién les va a dar de comer a mis hijos?”. Por lo menos 21 millones de colombianos están obligados a hacerse estas preguntas a diario, a su pareja, sus padres o sus hijos.

Según el DANE en su comunicado de prensa sobre la pobreza monetaria 2020, a las 17,5 millones de personas – cifra de por sí preocupante - en situación de pobreza que había en 2019 se le sumaron durante 2020 una alarmante cifra de 3,5 millones. Colombianos que deben pagar arriendo, comida, servicios, educación, transporte, ropa y demás con menos de $455.030 pesos (USD 124) mensuales. Esta situación representa al 43% de la población colombiana, sin contar que al desagregar algunas áreas metropolitanas las cifras pueden enseñar un peor panorama.

En este contexto general de urgencia social para la población, el gobierno de Iván Duque, de la mano del Ministerio de Hacienda, a cargo en ese momento de Alberto Carrasquilla, toma la decisión de lanzar una reforma tributaria llamada “solidaridad sostenible”. La propuesta planteada por el gobierno como solución al hueco fiscal no resolvería los problemas a mediano y corto plazo, sino que al contrario profundizaría la brecha económica y social que existe en Colombia al perjudicar a las clases medias y bajas. Esta reforma incluía aumentos en los impuestos: sobre la renta, especialmente a partir del segundo año, productos de la canasta básica familiar, servicios públicos, productos tecnológicos como tabletas y computadoras que son esenciales para la educación virtual. Además, esta reforma no resolvía problemas de fondo como los impuestos a los grupos empresariales y familiares más ricos del país, industrias como la azucarera, cementera y otras.

Así, esta reforma fungió como detonante a un agotamiento sociopolítico y económico que se fue construyendo a partir de hechos como: quiebra masiva de pequeña y mediana empresa, falta de empleo, nulas o inefectivas políticas sociales para asumir una cuarentena masiva, corrupción en el manejo de la pandemia (ejemplo de ello la corrupción al interior de La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD); hechos que condujeron a un empobrecimiento alarmante de la población colombiana. Igualmente, a nivel nacional creció progresivamente la indignación debido al asesinato sistemático de líderes sociales, masacres a lo largo del territorio nacional, incumplimiento de los acuerdos de paz1, y reiterados actos de violencia por parte de la fuerza pública contra la población civil; Todo esto sumado a un gobierno que a través de sus principales representantes se ha mostrado mezquino, contradictorio y autoritario, lo que contribuyó a generar una indignación colectiva que se expresaría con mayor fuerza a partir del 28 de abril, inicio de las movilizaciones masivas en todo el país.

El tratamiento de este gobierno frente a la protesta social se ha caracterizado por la constante violación de derechos humanos, no solo por parte de la fuerza pública, sino también de diferentes instituciones que, por omisión, negligencia o acción directa, han participado en los ejercicios extralimitados de poder. Muestra de ello son: las protestas realizadas entre el 9 y 14 de septiembre de 2020 que dejaron 8 personas asesinadas y más de 140 heridos y una noche de terror a lo largo del país, especialmente en la ciudad de Bogotá. Por esa razón, el Paro Nacional del 28 de abril no auguraba un panorama diferente. No obstante, nadie habría podido imaginar la magnitud de lo que estaba por suceder, ya que habría una movilización masiva a nivel urbano y rural en la mayoría del país que contó con el respaldo de grupos trabajadores, étnicos, de género, universitarios, jóvenes y población civil. Plazas y vías principales repletas a nivel nacional lo atestiguan. La población exigía principalmente tumbar la reforma tributaria, generar mecanismos contra la corrupción, empleo, políticas sociales efectivas y el cese de la violencia a nivel nacional. Mientras que, el Estado colombiano que encuentra en este gobierno una de sus versiones más opresoras e indiferentes hacia los derechos humanos procedió a oprimir física y mediáticamente a la población manifestante.

El tratamiento de este gobierno frente a la protesta social se ha caracterizado por la constante violación de derechos humanos...

Todo lo anterior apoya al sociólogo Fals Borda cuando afirmaba que “en Colombia las instituciones políticas no han cumplido exactamente los fines expresados, y sin embargo han sido eminentemente efectivas, sin perder las características políticas. Han sido funcionales en otro sentido: en la imposición de la voluntad de un grupo”. El gobierno se caracteriza por leer únicamente la realidad específica de estos grupos y dejar por fuera la compleja realidad del resto del país, especialmente de los 21 millones en estado de pobreza. Esta característica floreció más que nunca para este paro nacional. Sin diálogos ni conciliaciones, se procedió a criminalizar y banalizar la protesta resultando en brutalidad policial e información parcializada.

A partir del 28 de abril se viviría un estado de conmoción no declarado, debido a que el presidente se blindó con facultades especiales para hacer uso de la fuerza pública y no considerar derechos fundamentales como a la vida, la dignidad y la información. Desde las 6 pm de ese día, el país fue testigo en las calles y en las redes sociales de cómo la Policía agredía, torturaba y asesinaba manifestantes a lo largo del país, teniendo como principal foco las grandes ciudades. Pasadas las noches se sumó el Ejército Nacional, que no debería intervenir en estas situaciones ya que no cuenta con formación para tratar con estos escenarios, ni con la formación específica en derechos humanos.

Sin embargo, los ataques contra manifestantes no se reducían a la fuerza pública. Congresistas, alcaldes y concejales a lo largo del país profirieron discursos de odio contra la movilización social. Esto sirvió a un estado de miedo mal infundido y también como apoyo a diferentes grupos paramilitares: se volvió común ver civiles con fusiles, escoltados por la policía disparando con armas de fuego contra manifestantes. En esos actos murió Lucas Villa, estudiante pereirano que se transformaría en un mártir para la movilización social.

A partir del 28 de abril se viviría un estado de conmoción no declarado...

La noche del 28 de abril abrió el telón de las noches de terror a lo largo del país. Fuimos testigos del asesinato de Nicolás en medio de un velatón, de Santiago y el posterior llanto de su madre y de muchos jóvenes más. El coraje de los jóvenes, a pesar de la represión, quedará en la memoria como una de las características de este Paro Nacional, porque supieron reapropiarse de la ciudad: Portal de la Resistencia, Avenida Misak y el Monumento a los Héroes en Bogotá; Mientras que, en otras ciudades vimos Puerto Resistencia (Cali), y el viaducto Lucas Villa (Pereira). Es decir, estamos ante una nueva significación no sólo de la ciudad, sino de la vida misma a través de la movilización, el arte, la politización y la concientización.

Mientras tanto, para detener los discursos de odio en redes también vimos a las y los jóvenes K-popers detener todas las tendencias violentas y pro-uribistas en redes sociales, al llenar estos hashtags de contenido audiovisual de sus artistas preferidos de este género. Las expresiones de resiliencia, creatividad, rabia y fuerza tanto en espacios físicos como virtuales fueron abundantes. Recurrir a formas alternativas de comunicación se volvió vital ya que los medios tradicionales (diarios, noticieros, revistas) no ofrecen hasta el día de hoy garantías de información imparcial y verídica.

Balance de una protesta social:

Hasta el 28 de junio de 2021 ,según ONG Temblores, se han registrado:

  • 44 casos de violencia homicida, sin contar 21 homicidios en proceso de verificación y esclarecimiento sobre la participación de la fuerza pública.
  • 4687 casos de violencia policial equivalentes a un promedio de 82 casos diarios.
  • Más de 82 víctimas de lesiones oculares.
  • 28 víctimas de violencia sexual por parte de la fuerza pública.
  • Dramáticas cifras, pues demuestran que la institucionalidad está respaldando este actuar asesino por parte de la fuerza pública. Esto sin contar la falta de información y verdad por parte del gobierno, los discursos de odio esparcidos por personajes públicos y otras acciones como los cortes de luz y de servicio de internet para mitigar tanto la protesta como la divulgación de la misma.

    ¿Cómo se ha mantenido en medio de este contexto la protesta social? Al contrario de lo que dicta la extrema derecha, en el gobierno los realizadores del paro no son, ni mucho menos, el expresidente Juan Manuel Santos, ni Gustavo Petro, ni el ELN ni las disidencias de las FARC, ni el gobierno ruso, ni siquiera el Comité del Paro Nacional. Es la organización social y popular la que ha mantenido el Paro Nacional y ha logrado entablar relaciones con organizaciones y asociaciones. La primera, segunda, tercera y cuarta línea es fruto de la organización social. Los pliegos de cada uno de los sectores sociales son también resultado de los diálogos en comunidad y a través de donaciones y recursos propios se ha podido obtener los alimentos y herramientas necesarias para la movilización. Como aliciente también ha servido la indignación y los deseos de cambio en pro de más y mejor educación, salud, trabajo, vivienda y condiciones de vida.

Al mismo tiempo, sobresale la labor de las comunidades indígenas a lo largo de este Paro Nacional, pues su presencia confirma la vigencia y fuerza del racismo que existe en nuestro país. Por un lado, la Minga indígena era recibida en Cali con disparos por parte de civiles escoltados por la policía, mientras que en Bogotá la comunidad Misak sufría enfrentamientos con la Policía, muestra del terror que hay hacia la sublevación de las comunidades por parte de las elites y la institucionalidad. No obstante, como otra cara de la moneda está el apoyo en forma de ollas comunitarias, notas periodísticas independientes, acompañamiento, etcétera, de otros sectores de la población hacia las comunidades y manifestantes, puesto que ven en ellas un referente de resistencia y posibilidad creativa de otro futuro en potencia.

Por esa razón, el paro ha servido como escenario para que comunidades y actores que siempre han resistido y creado organización individual y social tengan una mayor repercusión a través de su voz y representación. Las diferentes comunidades indígenas, la primera línea, las madres y sacerdotes de primera línea, las madres de Soacha, Raúl Carvajal y su lucha por su hijo asesinado, artistas, jóvenes, campesinos, grupos feministas, etcétera. Una lista interminable y merecedores cada uno de muchas páginas. Cada uno de ellos enfrentó en diferentes niveles el racismo, machismo, paramilitarismo y Estado que tantas veces les ha desaparecido, torturado y asesinado.

El paro ha servido como escenario para que comunidades y actores que siempre han resistido y creado organización individual y social tengan una mayor repercusión...

Es imposible predecir con exactitud todo lo que puede acontecer, pues de cierto modo aún estamos en la noche del 28 de abril debido a que no hay diálogos, sino represión. En medio de tantas señales de esperanza también reaparecen los carros bomba, cuerpos desmembrados y mensajes de odio. Sin embargo, que se reconozca en esta larga noche la vida digna que se desborda por todas partes ante la imposibilidad de la violencia y la muerte. Son posibles los diálogos, las reformas, mejores condiciones de vida, la verdad y la no repetición. Lo que no es posible es continuar en el camino que nos ha llevado a 21 millones de pobres, sesenta años de conflicto y miles de padres esperando hijos que no llegarán nunca.

  • 1. Una muestra de ellos son los más de doscientos excombatientes asesinados.


Sobre el autor

Juan Manuel Vásquez

Escritor

"Escribir es tratar de entender, es tratar de reproducir lo irreproducible" - Lispector.
Aquí comparto para y con ustedes las preguntas que mi cabeza y cuerpo se hacen. El diploma dice que sociólogo, pero me gusta ser muchas cosas más.
¡Sejam bem-vindos!



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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