Política

La manifestación política. Algo más allá de la reforma de Duque

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Créditos: Felipe Ríos

El gobierno de Duque retiró, el domingo pasado, el texto de la reforma tributaria como una respuesta acertada ante la realidad política. Ahora buscará, por medio de la construcción de un consenso, concertar los puntos claves de la reforma con distintos actores políticos, empresariales y sociales, buscando una especie de acuerdo social o, por lo menos, reducir la agitación que se vive hoy en día en las calles, producto de la preocupante represión en manos de la Policía y el ESMAD en contra de los manifestantes.

La reforma si o si debe pasar. El acuerdo tributario que se deberá construir a corto plazo se torna como prioridad, parece ser la consigna desde Palacio. El gobierno, a partir del panorama que se avizora en los 15 meses de mandato restante, necesita plata para hacer frente a la inversión realizada en medio de la pandemia, que oscila, sólo para el año pasado, en 40 billones de pesos, reducir el déficit fiscal de 7,8%, el más alto en 70 años, y la reducción drástica en el recaudo donde hubo un hueco de 36 billones (cuando se pronosticaba un recaudo de 158 de billones pesos y tan solo se lograron recoger 122 billones). El reto es grande y los próximos días definirán quién negociará y que se negociará con el gobierno nacional.

La reforma, por el panorama macroeconómico del país, era necesaria. Además, el texto incorporaba elementos interesantes como el Ingreso Solidario o la Compensación del IVA, que parecían herramientas eficaces, hasta ahora novedosas, en la lucha contra la desigualdad y un esfuerzo por aumentar los ingresos de los hogares más pobres. Los técnicos y expertos en la materia reconocieron las propuestas novedosas e insólitas dentro de la reforma. Sin embargo, consideraron que con los elementos virtuosos del texto los distintos obstáculos políticos y de apoyo popular que pasaría una siempre impopular reforma podrían sortearse sin trabas. Tanto a los tecnócratas, en cabeza del saliente Ministro de Hacienda, no le dieron relevancia a la dimensión política de la realidad actual. Dimensión que, quieran o no, impregna y afecta -de manera determinante- cualquier propuesta de cualquier gobierno.

Elementos del contexto, acciones y omisiones del gobierno, así como la realidad determinada por la pandemia del coronavirus podrían explicar el porqué del inconformismo del pueblo.

  • Una parte importante de la ciudadanía está en contra del gobierno de Duque:

Este gobierno, fungido en la presidencia por las élites de siempre, simboliza lo que en política hastía al grueso de la población. Hombres blancos y millonarios gobernando desde Bogotá de espaldas a las realidades complejas del país. Existe un cansancio en la ciudadanía que logró materializarse en las elecciones pasadas cuando Gustavo Petro logró alcanzar la segunda vuelta. La gente está cansada de lo mismo. Por lo que, seguramente, en el 2022 suba al poder un gobierno progresista de centro izquierda.

  • Una pandemia que ha golpeado fuertemente a la población:

A pesar de las modificaciones propuestas por Duque en el texto anterior (eliminación del IVA a la canasta familiar, descartar la declaración de renta a personas con ingresos superiores a los 2 millones de pesos) la reforma buscaba, a partir del mensaje fallido de la solidaridad, recaudar más dinero de los pensionados, clase media y pequeños empresarios, duramente golpeados por las medidas adoptadas por los gobiernos para hacer frente a la crisis. Por esta razón la propuesta del gobierno encontró desde el inicio férreos opositores, incluso los partidos de la coalición de gobierno (la U, Cambio Radical y los liberales) retiraron su apoyo a la reforma y le dieron la espalda al presidente.

  • La creciente xenofobia en el país:

Este gobierno ha sido quien ha abanderado políticas que, a partir de la percepción de la ciudadanía, son demasiado indulgentes con los migrantes venezolanos, como es el caso del Estatuto Temporal de Protección, presentado por Duque a inicios de febrero. Los migrantes venezolanos poco a poco fueron estereotipados, a partir de prejuicios, como una seria amenaza en seguridad para los ciudadanos de a pie. Los extranjeros siempre han sido percibidos como una competencia en el mercado y en los beneficios sociales que entregan los Estados. No obstante, el odio se ha atizado mucho más en una de las mayores crisis de la historia. Los nacionales consideran que el Estado no los ayuda en esta difícil situación y, en cambio, propone medidas radicales para atender a los migrantes que se vieron obligados a salir de su país, producto de la dictadura de Maduro

  • Un desgaste del Uribismo;

El expresidente no atraviesa sus mejores momentos, con cifras de impopularidad nunca antes vistas en su dilatada carrera en la política. El caso de la compra de testigos, en el proceso del exparamilitar Monsalve y las declaraciones realizadas por la JEP sobre la cifra aproximada (6402) de falsos positivos que se presentaron en el país, el ocaso del hombre más poderoso en la historia reciente del país ya no parece una quime. Duque, a 15 meses de terminar su mandato, es percibido como el "títere" de Uribe. No pudo nunca separar su imagen de la de su jefe. No logró, ni siquiera ante una situación sin precedentes como la pandemia, ni su política de promover la economía naranja, ser recordado por una política o propuesta propia. Además, no logró y no quiso separar su imagen. Algo que se hizo latente cuando salió a defender a Uribe, en medio de la decisión de la Corte Suprema de enviar a prisión al expresidente, afirmando su inocencia y honorabilidad. Se protesta por Duque, pero también contra Uribe que, a pesar de los golpes que le ha asestado la justicia ordinaria y la transicional, aún sigue vigente y seguramente será una ficha importante en el ajedrez electoral del próximo año.

  • La constante del gobierno: la fuerza bruta;

Este gobierno, a pesar de la imagen que intenta imponer, siempre ha respondido con los métodos tradicionales de coacción. Abuso policial, muertes y abuso sexual, lesiones y detenciones arbitrarias se tornaron la respuesta de la Policía y el ESMAD ante las manifestaciones, en su inmensa mayoría pacíficas, de una ciudadanía inconforme con su realidad. Una respuesta que desgasta la relación de la gente con las instituciones que los representan. Según la ONG temblores, la represión policial desde el 28 de abril se ha llevado la vida de 19 personas, 92 víctimas de violencia física, 672 detenciones arbitrarias, 30 casos de disparos con armas de fuegos y se han reportado hasta el momento 4 víctimas de violencia sexual. Un panorama atroz y doloroso que aumenta la indignación y la rabia del que busca, con el único medio para manifestarse, expresarse su descontento

  • Un inconformismo que nunca se fue, solo se contuvo:

Desde el paro del 28N, a finales del año antepasado, y con un par de meses de Duque en la presidencia, el gobierno vislumbraba un periodo presidencia que, seguramente, sería caracterizado por manifestaciones ciudadanas y una fuerte oposición. Sin embargo, el COVID fue par Duque, en términos políticos una bendición al permitirle vaciar las calles (el lugar, per se, del manifestante) y un Congreso que, de manera torpe, duró meses en lograr adecuar su trabajo a la virtualidad. El inicio de la pandemia para Duque incluso subir su popularidad. Pero el descontento se mantuvo. El gobierno nunca pudo conectarse con la ciudadanía, entender las demandas y los cambios estructurales que exigía. Solo logró mostrar liderazgo cuando, por medio de decretos desde la Casa de Nariño, cerró todo. Se marcha por un descontento de vieja data que solo se acrecentó con un gobierno que, a ojos de la ciudadanía, no supo sortear los impactos y consecuencias que ha dejado la pandemia.

Las masivas manifestaciones en todo el país, mayoritariamente pacíficas, por ciudadanos impotentes y cansados ante una realidad que los abruman, hallaron su catalizador en la reforma, la indolencia del gobierno ante su situación (los 1800 pesos de Carrasquilla es una materialización de la desconexión de un gobierno con sus ciudadanos), pero también por una realidad lúgubre, una crisis que parece no tiene fin y liderada por un gobierno que se caracteriza por sus malas decisiones. La protesta ciudadana es por la reforma, pero también por, nada más y nada menos, que por la realidad.



Sobre el autor

Juan José Fajardo

Editor, Escritor

Politólogo, eufórico al decirlo. Estudio con amor y paciencia a Colombia, ese país que entró con angustia a la modernidad, a través de su arista más triste: la violencia. Le sigo entregando mis mejores horas a lo que mas amo, aunque no me deje plata; me va a matar el descaro. El camino que escogí no lleva a Roma, como dice E. H.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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