Política

Les está fallando la memoria

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El domingo 11 de julio Cuba vivió una jornada masiva de protestas con un grito al unísono de “libertad”, muchas personas hastiadas de la situación social, política y económica del país, e incluso con el riesgo que representa para ellos manifestarse en la isla, decidieron salir a expresarse de manera pacífica en contra de la dictadura.

En este contexto miles de cubanos fueron reprimidos por las fuerzas del Estado, y posteriormente, el presidente Miguel Díaz-Canel convocó a sus seguidores a “enfrentar” a los manifestantes, luego de calificarlos de delincuentes pues el propósito es, con el discurso, erradicar a cualquiera que se distancie de los parámetros dictaminados por el gobierno, exija una mejor calidad de vida usando la protesta pacífica como medio y las redes sociales como forma de difundirlo.

La internet y las redes sociales han sido el puente que le ha permitido a la ciudadanía de diferentes países expresar su descontento en torno a decisiones políticas que los han afectado por años y ha permitido que el resto del mundo tome una postura al respecto.

Amnistía Internacional estableció que al menos 247 personas habían sido detenidas o estaban desaparecidas en el contexto de las protestas pacíficas, que se presentaron múltiples cortes al servicio de internet y que varios periodistas y activistas se encontraban en arresto domiciliario. Con base a esas cifras, y al hito que estas marcaron junto con las protestas, varios gobiernos a nivel mundial se pronunciaron al respecto, a lo cual el gobierno de Iván Duque se unió y le pidió a Cuba respetar el derecho a la protesta pacífica, la libertad de expresión y reafirmar su compromiso con los derechos humanos.

Dichas declaraciones causaron revuelo e indignación en varios colombianos porque lo que se pudo percibir en las protestas de los últimos meses no va acorde a las declaraciones del presidente. Si bien la situación de Cuba y de Colombia son profundamente distintas y los contextos políticos y económicos son diferentes, se puede encontrar un irónico paralelo entre lo que el gobierno colombiano pide que se garantice en la isla, luego de unas manifestaciones, y lo que se hace en Colombia, cuando las protestas en contra de las decisiones que toma el gobierno de turno suceden.

Si bien la situación de Cuba y de Colombia son profundamente distintas y los contextos políticos y económicos son diferentes, se puede encontrar un irónico paralelo entre lo que el gobierno colombiano pide que se garantice en la isla, luego de unas manifestaciones, y lo que se hace en Colombia...

¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?... hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces verás claro para sacar la paja en el ojo de tu hermano. Sí, la situación de Cuba es preocupante y como país no podemos ignorar los movimientos que se están gestando en la isla en busca de unas garantías y un modelo de vida diferente, pero que el presidente Iván Duque tenga la audacia de pedir respeto a la protesta pacífica y que en la isla se reafirme el compromiso con los derechos humanos es tratar de hacer uso de una autoridad moral con la que no cuenta en este momento.

Específicamente en el contexto de las manifestaciones pacíficas recientes que se presentaron en Colombia tenemos unos pésimos antecedentes en cuestiones de derechos humanos y de garantías para quienes protestan. Es aquí donde cabe la ironía de exigir respeto por quienes se manifiestan en otros países, pero en el propio ejercer control a punta de mano firme, pero con un corazón muy pequeño.

Es aquí donde cabe la ironía de exigir respeto por quienes se manifiestan en otros países, pero en el propio ejercer control a punta de mano firme, pero con un corazón muy pequeño...

En las manifestaciones se presentaron varios sectores que inicialmente rechazaban la reforma tributaria propuesta por el ex ministro Carrasquilla, pero progresivamente mostraron las peticiones de comunidades que históricamente han sido marginalizadas, que no gozan de las mismas garantías que otros ciudadanos y que tristemente hacen de Colombia el país con las regiones más desiguales de América Latina.

Esas protestas fueron respondidas de manera violenta por las fuerzas de seguridad y dejaron un saldo alarmante de muertos, desaparecidos, heridos y otras violaciones a los derechos humanos que lejos de verse como una respuesta a la violencia y el abandono de ciertas comunidades, se empezaron a calificar simplemente como “actos vandálicos” e incluso llevaron a que algunos civiles armados dispararan contra manifestantes.

Algunas de las cifras presentadas por Amnistía Internacional resumen y nos dan cuenta del grave panorama que se dio en el paro nacional:

  • La Campaña Defender la Libertad es Asunto de Todas informó que, del 28 de abril al 2 de junio, se han registrado 76 homicidios, en su mayoría de jóvenes, de los cuales 34 fueron presuntamente cometidos por el accionar de las fuerzas de seguridad en el marco de las manifestaciones.
  • La Campaña denuncia también que 988 personas reportan heridas como consecuencia del uso excesivo de la fuerza del ESMAD, de las cuales 74 sufrieron lesiones oculares.
  • La ONG Temblores denunció que al 31 de mayo se han registrado 3.789 casos de violencia policial indebida y 1.649 detenciones arbitrarias de manifestantes.
  • Se han denunciado 151 ataques contra personas defensoras de derechos humanos en el marco de manifestaciones.
  • La Mesa de Trabajo sobre Desaparición Forzada registró 775 personas desaparecidas, de las cuales aún falta por localizar a 327.
  • La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) denunció que, del 28 de abril al 4 de mayo, se reportan 87 agresiones físicas contra periodistas que cubren las manifestaciones del paro nacional. También denuncian 42 amenazas, 9 detenciones arbitrarias y 13 hechos de eliminación de material.

Con dichos datos actualizados hasta junio se puede ver la falta de compromiso con los derechos humanos y con los manifestantes a pesar de que la reforma a la policía plantea la implementación de medidas para la prevención, protección y respeto por los derechos humanos, pero será en las calles donde realmente se demostrará si el Estado y la Policía Nacional tienen la capacidad y la voluntad de proteger a quienes decidan ejercer su derecho a la protesta pacífica.

Sumado a este panorama, cabe recalcar que el gobierno marcó el precedente de rechazar las recomendaciones y el informe de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) pues consideraba que le estaba sugiriendo al país “tolerar la criminalidad”, cuando realmente la CIDH solo muestra las evidencias de que el Estado no ha cumplido a cabalidad con sus obligaciones en derechos humanos al violar el derecho a la vida, a la integridad personal y a la libertad de manifestantes, así como otras situaciones que ponen en riesgo la protesta social y a las personas que la ejercen, porque se les empieza a calificar como enemigos que se deben combatir y no como personas que se deben proteger, lo cual no es muy distinto de lo que vemos en Cuba.

Lejos de que la CIDH quiera “tolerar la criminalidad”, ha presentado puntos que vale la pena que el gobierno analice según el derecho internacional y ha expresado la necesidad de investigar, juzgar y sancionar a los responsables de los delitos cometidos en el marco de las protestas, el problema es que muchos de esos delitos fueron cometidos por las mismas fuerzas del Estado al usar excesiva y desproporcionadamente la fuerza, muchas veces sin tener en cuenta los principios de legalidad, absoluta necesidad y proporcionalidad.

El simple hecho de desconocer el reporte y sus resultados no los hace menos reales, pero sí hace que la situación de derechos humanos en el país se deteriore y que empiecen a surgir preguntas como ¿Por qué no acatar las recomendaciones de un organismo que busca garantizar derechos universales, indivisibles e interdependientes? ¿No es ese uno de los principales fundamentos de un Estado Social de Derecho? ¿No es eso lo que se le pide a Cuba que haga?

Nuevamente, mirar hacia afuera y solicitar que se cumplan los sagrados derechos humanos es fácil, pero agachar la cabeza, entender que las cosas no se están haciendo bien y plantear un modelo diferente que refuerce los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho es algo muy distinto.



Sobre la autora

Laura Sofía Cabrera Jaimes

Directora del Área de Escritores

"Tal vez no pueda cambiar el mundo, pero sí el pedacito que me toca"
Pronto internacionalista, mientras tanto disfruto dar mi opinión, aprender de distintos temas y poder analizarlos en el proceso. Recién entrada a los 20. Rola. Amante del fútbol, los perritos, la fotografía y de cantar desafinado.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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