Política

Mi Buenaventura

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Suele suceder que, al pensar en Buenaventura, se tenga como punto de partida dos representaciones para caracterizar lo que esta ciudad significa. Por un lado, se ubica como el puerto marítimo más grande de Colombia, y por el otro, se asocia con uno de los principales lugares de comercio. Sin embargo, Buenaventura significa mucho más que una ubicación estratégica. Los pobladores de esta ciudad representan la defensa del territorio ancestral, la reivindicación de los derechos de las minorías y la necesidad de reparación estatal, debido a condiciones de vida como: la alta tasa de mortalidad infantil, el aumento en la tasa de pobreza y la falta de acceso a la educación, la salud, la seguridad y el empleo, a las que han sido sometidos desde la concepción del mismo. Cabe destacar entonces que, el deber de cada uno de los colombianos es conocer el contexto en el cual viven, ser empáticos frente a sus problemáticas sociales que continuamente exponen a los bonaverenses a narcotráfico, violencia, extorsión, entre otros, estos han sido algunos de los impedimentos para la construcción de mejores condiciones para los bonaverenses.

Buenaventura concentra en su mayoría a comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras, por ende, se logra percibir que su caracterización ciudadana está concentrada en una mayoría negra. Surge entonces la siguiente pregunta: ¿está el Gobierno colombiano protegiendo y resguardando la identidad afro de nuestro país? Desde ámbitos netamente jurisdiccionales se puede hablar del Auto 005 del 2009 y Decreto 4635 de 2011, los cuales velan por reafirmar la identidad cultural de estas comunidades. No obstante, en el día a día de niños, niñas, mujeres y hombres bonaverenses, la realidad constituida desde el ejercicio de vivir en comunidad da un giro de contrariedad y preocupación.

Una situación preocupante: más allá de la coyuntura

Cabe señalar que en Colombia olvidamos rápido y las noticias se convierten en un hecho efímero para quienes no se consideran directamente afectados, es por ello que lo que sucedió semanas atrás en Buenaventura no es un suceso lejano o nuevo. El pasado viernes 5 de febrero de 2021, se presentó un intercambio de disparos entre lo que la comunidad describe como bandas criminales que habitan y llevan a cabo actividades ilegales en la ciudad. Mientras que la mayoría de colombianos descansaban tranquilamente en la comodidad de sus hogares, en Buenaventura la noche traía consigo momentos abrumadores y de desesperación. Los habitantes de barrios como el Juan XXIII vivieron momentos de pánico y terror debido a que podrían ser víctimas de una bala perdida. Si nos detenemos a visualizar los hechos del 2021, podemos llegar a sentirnos asqueados e indignados por lo que allí sucede, pero si pensamos en porqué los bonaverenses se sienten con pánico, entenderemos que esto se debe a que no es ni la primera ni la centésima vez que hechos de violencia suceden1. Por el contrario, la historia de este territorio es condenable y vergonzosa, no para sus habitantes, sino para quienes han faltado a su palabra de garantizar el derecho a la vida de cada colombiano, que evidentemente en este punto del pacifico parece un eufemismo.

Los acontecimientos de Buenaventura han estado plagados de desigualdad, injusticia y represión...

Desde el establecimiento de Buenaventura como una ciudad, su historia se ha visto permeada por hechos de colonización, conflicto armado, despojo de territorios, desplazamiento y pérdida de identidad ancestral. Estos actos, se han hecho evidentes en posturas como: el abandono estatal, la segregación y discriminación racial y la constante falta de oportunidades. En síntesis, los acontecimientos de Buenaventura han estado plagados de desigualdad, injusticia y represión, a continuación, expondré por qué desde su conformación, esta ciudad se ha encontrado en desventaja continua, en un país donde las brechas centro-periferia han generado una lógica de participación y autonomía plagada de severidad, intransigencia y racismo.

El remanente histórico de Buenaventura se remonta a la época de la esclavitud, donde según aproximaciones oficiales, miles de africanos llegaron traídos por la fuerza como parte de actividades de explotación, y fueron vendidos como esclavos en diferentes puntos del país, sobre todo en la ciudad de Cartagena. Las personas negras estuvieron sometidas durante décadas a trabajos forzosos sin ningún tipo de remuneración, a castigos degradantes y formas de vida inhumanas. Desde 1820 se establecía la idea de abolir la esclavitud, a través de decretos poco consecuentes y decisivos como el decreto del 22 de enero de 1820, la Ley de 21 de julio de 1821, el Decreto del 27 de junio de 1828, entre otros, los cuales permitían la libertad de vientres, la manumisión y abolición del tráfico de esclavos; fue hasta 1851 que la erradicación de la esclavitud fue una realidad.

Buenaventura es uno de los municipios que atraviesa contratiempos dese diferentes aspectos, además de temas como guerra, colonialismo y racismo, sus habitantes se ven sometidos día a día a hechos como la corrupción, la violación a los derechos humanos, a una crisis económica que desangra cada vez más a su comunidad; podría dedicar todo un texto a hablar de las múltiples problemáticas que azota Buenaventura, pero en este momento resulta pertinente nombrar a algunas de ellas que se mantienen como una marca perpetua en la vida de cada bonaverense.

La "modernidad": más de lo mismo

Básicamente, la historia contada del siglo XX de Buenaventura se centra en la “asombrosa” construcción de un puerto y como esto debía significar la consagración de una comunidad con mayor estabilidad económica y social. Sin embargo, estos supuestos arranques modernizadores y el desarrollo regional resultan bastante debatibles. Estos ideales insipientes de cierta manera intentaban invisibilizar y contener el panorama de guerrillas y violencia de la época, estos sucesos se expresan claramente en la investigación llamada Buenaventura: un puerto sin comunidad, donde uno de sus principales hallazgos fue la preocupante cifra de desplazamiento, al contabilizarse, entre 1990 a 2014, más de 150.000 casos individuales que sufrieron de desplazamientos forzados, en este periodo de tiempo se mantuvo en aumento las masacres, los asesinatos y las ejecuciones, demostrando así, las constantes disputas territoriales entre actores como las FARC, los paramilitares del Bloque Calima pertenecientes a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y las bandas criminales emergentes (BACRIM) como ‘Los Rastrojos’ y ‘Los Urabeños.

Se expresa la noción de reconstrucción de los lazos sociales ya que, uno de los integrantes de la AUC (Autodefensas de Colombia), confesara que, como grupo paramilitar, fueron los responsables del asesinato de aproximadamente 1.000 personas entre los años 2000 y 2001 en la zona. Para los bonaverenses esto no solo fue el claro ejemplo de vivir con temor todo el tiempo, sino que tuvo repercusiones como que la pobreza alcanzara el 80,6%, y hubiera cifra de homicidios y desplazamiento forzado muy por encima de la media nacional. Ahora resulta importante saber ¿hubo un cambio en el panorama después de la desmovilización de las AUC? en la zona del Pacifico exactamente, este abandono estatal permitió que nuevos grupos subversivos, bandas criminales y otros actores delincuenciales continuarán estableciendo ciertas reglas y se apoderarán de Buenaventura. Siendo así, parece que las expectativas fueron demasiado altas.

Se fortalecieron nociones de marginación y relegación en contra de la población negra y de la perspectiva que se mantenía hacia el centro.

Efectivamente, es relevante constatar que existió una emancipación física, sin embargo, la descolonización mental, como bien la menciona Ngũgĩ wa Thiong'o, tomó otro rumbo. Con el paso de los años Buenaventura se convirtió en un municipio fuertemente habitado por comunidades afrocolombianas, afrodescendientes, palenqueras y raizales, una de las grandes características del Pacifico, pero en contrapartida, se fortalecieron nociones de marginación y relegación en contra de la población negra y de la perspectiva que se mantenía hacia el centro. Esto se dilucida al evidenciarse que este municipio mantiene altas cifras de pobreza socioeconómicas frente al poco acceso a la salud, la falta de cobertura educativa y el desempleo, razones que se suman a las protestas, marchas y manifestaciones que los bonaverenses piden que tengan una pronta solución.

Podemos comprender entonces, porque las personas se están movilizando y decidieron bloquear el puente del piñal y el puerto, ya que estos puntos se constituyen en accesos viales por donde entran los camiones que proveen de recursos a Colombia. Esta decisión fue la forma de hacerse escuchar por parte de los bonaverenses deteniendo actividades como el movimiento de mercancía y carga que llega a las diferentes terminales portuarias que están allí, siendo una de las mayores fuentes de acceso económico.

Lo que intentan comunicar los habitantes de este punto de la nación al resto del país es que, ni más ni menos, allí viven pueblos negros, indígenas y mestizos, quienes demandan apoyo y mesas de concertación con el gobierno nacional. Minimizar a Buenaventura a actividades mercantiles, es subestimar el llamado SOS de sus habitantes, es despreciar las imploraciones que se llevan a cabo con camisetas blancas para vivir con tranquilidad, es la convicción de combatir la guerra territorial que se da a través de la violencia.

La urgencia de los bonaverenses es por las más de 170 mil personas en riesgo, por los miles de habitantes que han sido desplazados, por el número de líderes sociales y comunitarios amenazados y por la ola de asesinatos, entonces ¿es justo que hablemos de afectaciones económicas de millones de colombianos, pero no hablemos de la estigmatización y constante despojo que vive la comunidad? Quisiera que todos respondiéramos a ello, que nos permitiéramos espacios de simpatía y procurar ser catalizadores de cambio.

En este caso, es pertinente saber que la convocatoria por la paz de parte de los bonaverenses demuestra las problemáticas que se han fraguado actualmente, pero que se vienen intensificando desde la falta de atención por parte de los entes institucionales. La lucha por defender los intereses colectivos, resguardar los valores ancestrales y la permanencia de culturas como la negra e indígena que promulgan hoy en día en las calles de Buenaventura, es un llamado a cada sector de la sociedad, a desincentivar el racismo, a permitir una mayor representación de la población afro e indígena en espacios políticos, a estimular proyectos de educación de calidad, al orgullo por la diversidad étnica y cultural como parte de lo que significa ser colombiano, teniendo como hincapié el respeto por el territorio y la necesidad de paz que cada bonaverense exige.

Apreciar las raíces, apreciar la diversidad

No cabe duda que Colombia es un país racista, donde un sector del país, en específico, quienes mantienen una posición económica estable, se consideran superiores a otros, al creer en la falsa lógica de que son “blancos”, quisiera compartirles que esto no es cierto, ninguna persona colombiana, latinoamericana ni del mundo lleva consigo la tez de la piel tan “pura” si así quiere llamársele. Según estudios científicos, está demostrado genéticamente que los primeros antecesores humanos comenzaron su migración y población del mundo hace 250.000 años desde África, claro, la pigmentación de la piel blanca se dio en las regiones del norte del planeta, en donde las condiciones de frío extremo hacen que los homínidos se cubrieron con pieles de animales. Por esta razón, nadie podría considerarse blanco, todos conformamos subgrupos como los mestizos, mulatos y/o negros, por lo tanto, sería importante atravesar un proceso de auto-reconocimiento que permitan la construcción de una identidad fortalecida en el orgullo de representar con la piel lo que otros lucharon con sus vidas.

Desde luego si el gobierno nacional sigue manteniendo una doble moral frente al orgullo que significa tener el puerto más grande del país y más rentable, pero mantiene a su comunidad en abandono estatal, simplemente demuestra la reproducción de discursos vacíos y desinteresados. Es necesario que cada uno de nosotros asuma un proceso de deconstrucción individual donde entendamos que la importancia de Buenaventura no radica en ser el punto de tránsito de mercancías, sino entender que el valor de Buenaventura se halla en el placer de construir un país diverso y auténtico, por ende, la labor de cada actor nacional consiste en asegurar con hechos lo que manifiestan con palabras.

  • 1. En el siguiente link podrán encontrar información del Centro de Memoria Histórica donde se cuenta los hechos de violencia que ha sufrido la comunidad y como se ha ido reconstruyendo poco a poco el tejido social de sus habitantes: https://centrodememoriahistorica.gov.co/tag/buenaventura/


Sobre la autora

Alejandra Muñoz

Invitada



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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