Política

¡No hay muerto malo!

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Carlos Holmes Trujillo es una de las víctimas fatales de la pandemia provocada por el COVID-19. Su deceso conmocionó a varios sectores de la sociedad colombiana. Algunos pretenden honrar su trabajo y vida política, mientras que otros recuerdan su insensibilidad sobre la muerte en declaraciones públicas y diversos pecados que cometió con el público que no olvida. En consecuencia, por su muerte, ¿deberíamos recordar solo lo admirable en su gestión?

Desde la presidencia de Alfonso López Michelsen fue cónsul en Japón, cargo en el cual continuó hasta el periodo de Julio César Turbay. Luego, hizo parte de la Asamblea Nacional Constituyente, lo que le permitió convertirse en ministro de educación para el gobierno de César Gaviria. A continuación, pasó por las embajadas de países como Austria, Rusia, Suecia, hasta fue representante de Colombia en la Unión Europea.

¿Cómo entenderá la historia del país la figura de Carlos Holmes? ¿Una de las ilustres víctimas fatales que se ha llevado este virus? ¿Se honrará su nombre en alguna de las obras públicas de este gobierno o alguno de los próximos años? ¿Es la evidencia de la debilidad que tenemos ante el virus, a pesar del estatus social o político?

¿Cómo entenderá la historia del país la figura de Carlos Holmes? ¿Una de las ilustres víctimas fatales que se ha llevado este virus?

La muerte de Carlos Holmes Trujillo fue un terremoto en el campo político de la próxima campaña presidencial. Algunos afirman que era uno de los candidatos más fuertes del uribismo, le bastaban dos meses para renunciar a su cargo de ministro para comenzar la carrera presidencial. Ya había participado en dos ocasiones en consultas internas en el Centro Democrático: En la primera, perdió con Oscar Iván Zuluaga, en la segunda, perdió contra Iván Duque.

Por otra parte, algunos medios nacionales mencionaron que su carrera política fue digna y lo nombraron como un gran estadista. Sin embargo, es imposible olvidar los escándalos que llevaron a los debates de moción de censura por las violaciones de Derechos Humanos, así como las declaraciones sobre las muertes de líderes sociales y personas asesinadas por el ESMAD.

Judicialmente, es inútil culpar a Carlos Holmes de algunos hechos relacionados con las violaciones de Derechos Humanos. Sin embargo, no es plausible realizar honores para una persona que, a pesar de tener una destacada carrera política, (gracias a que su papá también fue ministro de relaciones exteriores), tuvo diversas conductas que atentaron y afectaron negativamente la vida de muchos colombianos.

Judicialmente, es inútil culpar a Carlos Holmes de algunos hechos relacionados con las violaciones de Derechos Humanos.

En conclusión, pese a que la muerte de Carlos Holmes Trujillo trajo consigo un dolor para sus copartidarios, que la consideran una gran pérdida para la próxima campaña presidencial. Su actividad pública referida específicamente a su papel como ministro de defensa, mancilló sus virtudes públicas como el gran estadista . No porque esté muerto, sus pecados deben ser perdonados.



Sobre el autor

Andrés Camacho

Director General

Politólogo, cofundador de la Revista Cara & Sello, amigo de la música y la literatura. Columnista semanal, escritor por conveniencia.


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