Política

¿Y las vacunas?

Tiempo estimado de lectura: 4 min
2021-05-18 por Andrés Camacho

El tercer pico de contagios y muertos por COVID-19, se encontró con que las vacunas se terminaron en Colombia. Las Unidades de Cuidados Intensivos alcanzaron un 97% de ocupación, y las medidas de cuarentena no han logrado detener la velocidad de contagio. ¿Qué estamos haciendo mal en Colombia?

El gobierno nacional, mediante la resolución 507 del Ministerio de Salud, permitió que empresas privadas pudieran comprar las vacunas directamente de los laboratorios. Sin embargo, deben cumplir con los requerimientos necesarios para el mantenimiento de las condiciones óptimas de las vacunas. Además, estas deben ser gratuitas, por lo tanto, las empresas deben aplicarlas para sus empleados asumiendo la totalidad de los costos ¿está dispuesto el sector privado a hacerlo?

Por otra parte, las experiencias internacionales y nacionales demostraron que los confinamientos parciales, los toques de queda nocturnos y en algunos casos el pico y cédula, reducían la velocidad de contagio en cuestión de semanas. No obstante, estas medidas no han logrado disminuir la velocidad de contagio en el país.

En Colombia, el escenario de la vacunación cambió debido al retraso en la llegada de las vacunas al país. Las segundas dosis de muchos colombianos fueron aplazadas y estas llegarán hasta el 27 de abril de la farmacéutica Sinovac. Aún no se ha terminado de vacunar a las personas mayores de 65 años. Es decir, que la planificación estatal que abogaba el gobierno falló en términos prácticos.

En enero de 2021, USAID realizó recomendaciones sobre el manejo de la pandemia en Colombia. Esto permitiría reducir las posibilidades de un alto contagio en los meses siguientes. Una de estas, se relaciona directamente con la población migrante. A juicio de la agencia de cooperación, la ausencia de atención en los servicios de salud, para la población migrante e indígena, es un determinante en el aumento o no de la velocidad de contagio en Colombia.

De igual forma, la ausencia de conocimiento sobre la aplicación de las vacunas, puede alterar la percepción sobre su efectividad y los efectos secundarios de estas. A pesar de esta situación, muchos se preguntan ¿cómo va la vacunación en Colombia?

Esta pregunta puede realizarse analizando otros países que poseen condiciones parecidas a Colombia. En principio, estos son latinoamericanos y comparten un elevado número de contagios, no obstante, el proceso de vacunación es diferente en cada situación. De acuerdo con Our World in Data, Colombia ha vacunado, hasta el 25 de abril, un porcentaje cercano a los 5,82% comenzando en la mitad de marzo. Mientras que Brasil ha logrado vacunar un 12,56% comenzando en la segunda mitad de enero del 2021.

Del mismo modo, Chile comenzó la vacunación en diciembre de 2020. Esto le permitió vacunar al 41,57% de su población. Por otra parte, Uruguay a pesar de iniciar el proceso de vacunación en la segunda mitad de febrero para finales de abril alcanzó un 32,31% del total de la población vacunada. Sin embargo, los esfuerzos de cada país también dependen de la cantidad de población que presentan.

Mientras que Brasil ha vacunado más de 26 millones de personas, Chile está cerca de vacunar a 8 millones. Colombia ha vacunado cerca de 3 millones de personas, mientras que Uruguay apenas un millón y medio. Lo anterior demuestra, que la planificación en la vacunación depende de las capacidades internas de cada país, y los esfuerzos que realicen por vacunar el mayor porcentaje de la población que logren en el menor tiempo posible.

En conclusión, el manejo de la pandemia en Colombia y el proceso de vacunación responden a la capacidad que tiene cada país de dirigir sus esfuerzos a la mitigación de los efectos del coronavirus. Colombia comenzó la vacunación tarde con la excusa de hacer una debida planificación del proceso, sin embargo, en un poco más de un mes, hay una escasez de vacunas a nivel nacional que retrasa el proceso de inmunización de la población.



Sobre el autor

Andrés Camacho

Director General

Cofundador de la Revista Cara & Sello. Politólogo o al menos eso dice el cartón que cuelga en mi pared. Amigo de la literatura y la música. Columnista semanal: escritor desde de lo cotidiano y lo marginal.



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