Sociedad

Filadelfia en llamas

Tiempo estimado de lectura: 7 min
2021-02-04 por Hans Cornehl

Fuente: Mike Alewitz

Después de 35 años el Concejo de Filadelfia pidió por primera vez perdón por el bombardeo por parte de la policía hacia una comunidad residencial en el oeste de la ciudad, lugar donde se encontraba el movimiento revolucionario “MOVE”, un hecho que terminó por cobrar la vida de 11 personas -5 de ellos siendo niños- y destruyó alrededor de 60 casas. Dicho acontecimiento no hace más que representar por excelencia la tendencia violenta que viene ejerciendo el Estado en contra de sus habitantes más vulnerables por medio de un despliegue masivo de dispositivos de guerra en el corazón de sus propias ciudades.

En 1985 la policía de Filadelfia rodeaba la casa en donde se encontraban miembros de un grupo revolucionario que se hacía llamar MOVE. Este grupo de liberación negra combinaba principios de los movimientos animalistas, ecologistas, los hippies y de las Panteras Negras, formando una ideología radical que criticaba principalmente la tecnología, la brutalidad policial y el maltrato hacia los animales. No obstante, no sólo se entendían como un movimiento revolucionario, sino que también promovían un estilo de vida que buscaba conformar una verdadera sociedad auto sostenible rechazando el estilo de vida moderno. Sus métodos de protesta, por lo tanto, no eran comunes: residían numerosamente como una gran familia en casas en zonas residenciales ignorando concepciones de higiene y a su vez pronunciando ruidosos discursos revolucionarios en el vecindario. Estos comportamientos llevarían a un enfrentamiento con los vecinos, pidiéndole a la alcaldía que los desalojaran de sus casas.

En ese entonces, el alcalde de la ciudad era Frank Rizzo, un policía de profesión conocido por el empleo constante de brutalidad policial y crítico de la desegregación racial de la ciudad. Su término como alcalde se inscribía en una macro lógica en la que se encontraba el país en los setenta y ochentas: el apogeo de la administración de Ronald Reagan, en la que la lógica neoliberal urbana, despojar, marginar, segregar, gentrificación, desfinanciación pública y fortalecimiento de la policía, se encontraban en su máxima expresión. Naturalmente, Rizzo fue muy hostil contra MOVE, lo que los llevó a un enfrentamiento violento en 1978 en la sede de su movimiento que terminó con varios oficiales heridos y un muerto de la policía bajo extrañas circunstancias. Su abierta animosidad en contra de la población negra fue muy influyente en el departamento de policía de Filadelfia, a tal nivel que incluso su sucesor, Wilson Goode, el primer alcalde negro de la ciudad y el que ordenó el bombardeo de 1985, no pudo lograr deshacerse de la influencia violenta de Rizzo y la lógica de supremacía blanca que permeaba en los departamentos de policía en Estados Unidos.

“Atención, MOVE… Esto es América. Tienen que cumplir con las leyes de los Estados Unidos".

En efecto, el 13 de mayo de 1985 la policía rodeaba la casa en donde se encontraban varios integrantes de MOVE en el que después de varias quejas de los vecinos y varias órdenes de desalojo de la alcaldía, el movimiento se rehusaba a abandonar el lugar y amenazaban a las autoridades con un enfrentamiento si los expulsaban por la fuerza. No obstante, la fuerza empleada por la policía fue totalmente desproporcionada. La policía llegó totalmente armada, con tanquetas y metralletas, un estilo totalmente militarizado con el fin de no solo desalojarlos, sino de matarlos en su propio hogar, tal como lo recuerda Ramona África, la única sobreviviente adulta del bombardeo de 1985. La policía empezó a hostigar la casa con un megáfono en el que decían con un cierto tono lúgubre y cuya resonancia se sentía la fuerza de ley: “Atención, MOVE… Esto es América. Tienen que cumplir con las leyes de los Estados Unidos".

El alcalde aceptó la solicitud y de inmediato la policía improvisó una bomba, lo amarraron a un helicóptero, y lo arrojaron sobre la zona residencial.

No obstante, poco después de las advertencias de la policía, empezó un enfrentamiento violento con el movimiento que duró todo el día. Se dice que la policía disparó alrededor de mil balas hacia la casa y que tuvieron que pedir más municiones a la estación de policía para continuar con el aniquilamiento de la organización que yacía totalmente indefensa al interior. Según Ramona África, muchos integrantes intentaron rendirse ante la policía pero fracasaron debido a que cada vez que se asomaban la policía disparaba incesantemente. Alrededor de las 5 p.m. la policía solicitó un permiso directamente al alcalde Goode para arrojar desde un helicóptero una bomba sobre la casa, y terminar por completo el enfrentamiento. El alcalde aceptó la solicitud y de inmediato la policía improvisó una bomba, lo amarraron a un helicóptero, y lo arrojaron sobre la zona residencial.

Todo este acontecimiento sucedía en vivo, un combate de guerra televisado. Los residentes se sorprendían ante las imágenes de aquella situación y lo comparaban con lo que veían en las transmisiones de la guerra de Vietnam; como si los dispositivos de guerra se desplazaran de la lejanía del sudeste asiático hacia su propio territorio y en contra de su propia población, una rebelión de las armas que crearon contra ellos mismos. Las llamas que ardían en la zona residencial terminaron por devorar todas las casas y matando a 11 miembros de la organización y a sus hijos y desplazando alrededor de 200 personas de su hogar, una verdadera estrategia de guerra en el corazón de Filadelfia.

Dicha masacre no fue la primera que sucedió en Estados Unidos. En 1921 en Tulsa, Oklahoma, después de un rumor falso sobre un ciudadano negro que violó a una mujer blanca, una horda de población blanca de la ciudad, con ayuda de la policía, se lanzó en contra de la segunda comunidad negra más grande del estado matando alrededor de 300 personas y destruyendo los negocios y vecindarios que había allí. Estos dos casos representan los casos más flagrantes de violencia policial y sistemática en contra de poblaciones marginadas, sin embargo, todos los años se presentan miles de casos de brutalidad policial llevando a encarcelación masiva y asesinatos cuyas consecuencias vemos en los grandes estallidos de protestas como sucedió con el caso de Rodney King en California en 1992 y el de George Floyd en 2020.

La excesiva militarización de las policías metropolitanas no hace más que propender por la creciente exclusión de poblaciones no deseadas a través de mecanismos brutales de violencia, creando ciudades contemporáneas inmunológicas, es decir, de separación y no de inclusión. Es por esta razón que la consolidación de fronteras divisorias entre poblaciones pudientes y no pudientes, entre zonas de violencia y zonas de prosperidad, se efectúan en las lógicas urbanas de las ciudades por medio de dispositivos policiales. Tales fronteras permiten el alzamiento de protecciones legales de las poblaciones afectadas y permite justificar el uso desmedido de la fuerza, como el despojo, la violencia, el miedo, para combatir cualquier tipo de peligro que considere la ciudad pertinente de erradicar. En Colombia, por ejemplo, este fenómeno se puede evidenciar en el caso de Hidroituango, la operación Orión y en la última masacre perpetrada por la policía metropolitana de Bogotá el año pasado por las protestas.

El caso de MOVE representa perfectamente el ordenamiento de las ciudades por medio de métodos violentos que perpetúan una lógica neoliberal. La población negra se debe marginar de los centros de las ciudades, y focalizarlos en zonas que son fácilmente vigiladas y operacionalizadas, cualquier intento de sublevación o de comportamiento irregular los dispositivos policiales se encargarían de erradicarlos. Es la ley en su lógica más diferenciadora y violenta, una perpetuación de tradiciones que pesan sobre las comunidades más marginadas de Filadelfia, una ciudad en el país más rico de la historia.




Sobre el autor

Hans Cornehl

Escritor

Un ser-ahí obsesionado por lo cotidiano. Me encuentro entre las cosas ocultas que intento develar por medio de la reflexión filosófica, geográfica y política. Soy estudiante de Ciencia Política, vegetariano y amante de los gatos.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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