Sociedad

Graduados de desempleados

Tiempo estimado de lectura: 6 min
2021-06-24 por Daniela Pedraza

Caricatura: Matador.

El concepto de juventud es un término cuya definición es muy discutida. Según la Ley 1622 de 2013 la juventud es la etapa de la vida comprendida entre los 14 y 28 años de edad. Según Omar Urán, sociólogo, la juventud se define como una categoría social caracterizada por la apertura a la experimentación y la curiosidad de lo nuevo. Para otras personas, la juventud es un estado de la mente, y así, podríamos seguir encontrando diferentes definiciones sobre lo qué es para cada uno ser joven.

Lo que sí puede ser común es que este momento de la vida se asocia con una etapa en la que se debe empezar a adquirir cierta independencia y estabilidad económica por el hecho de, al menos, ya tener edad para trabajar. Sin embargo, el panorama en el país resulta desalentador cuando de conseguir esa tan anhelada independencia se trata. Dejando a un lado el acceso a la educación, como otro tema a tratar en otra entrada, en este texto me enfocaré en las oportunidades laborales que tenemos los jóvenes que tuvimos la “fortuna” de cursar una carrera profesional.

Según datos del DANE, la tasa de desempleo de la población joven se ubicó en el 23,9%, registrando un aumento de 3,4% frente al trimestre enero - marzo 2020. Para las mujeres esta tasa se ubicó en 31,3% aumentando 4,5%, y para los hombres fue de 18,5%, aumentando 2,5%. Dejando a un lado las brechas laborales entre géneros, considero que hay algo que es común a jóvenes hombres y mujeres, y que nos resulta una piedra en el zapato en medio de todo esto y es: la experiencia laboral.

Considero que hay algo que es común a jóvenes hombres y mujeres, y que nos resulta una piedra en el zapato en medio de todo esto y es: la experiencia laboral.

Graduarse es un camino en ocasiones bastante difícil y considero que existe también una idealización de este logro. En un principio, mientras se cursa el pregrado, o incluso antes de ingresar al mismo, se suele tener la idea de que se va a conseguir trabajo más fácil por obtener un título profesional y que entre más se suba en la escala académica seguramente se van a facilitar más las cosas. Según datos del Informe Nacional de Empleo Inclusivo se podría reforzar más esta creencia, pues se menciona que las personas con títulos universitarios en promedio ganan $1,9 millones mientras que los que tienen sus estudios hasta primaria ganan cerca de $572.746, lo que significa que el título de profesional genera 3,5 veces más remuneración. Pese a todo esto, con lo que nos encontramos la mayoría de los jóvenes graduados de una carrera profesional es con un sistema laboral cruel y atroz.

Valentina de 22 años, estudiante de psicología de la Universidad del Rosario próxima a graduarse considera que las oportunidades laborales para personas jóvenes son escasas y poco alcanzables, aunque su carrera y énfasis en psicología clínica es en el área de salud, considerado y percibido con grandes oportunidades laborales por la alta demanda de pacientes, la realidad es que para ingresar a los lugares en los que puede desempeñar su carrera como las IPS, EPS, o cualquier entidad de salud, son más complicadas de lo que se cree. Actualmente, para su carrera se debe contar con una experiencia mínima de un año en cuidado del paciente, sin embargo, en su proceso de buscar trabajo, no se puede adquirir experiencia porque no hay contratos para nuevo personal y menos para quienes acaban de terminar el pregrado. Para Valentina, el realizar diferentes especializaciones y maestrías permite agregar más estudios a la hoja de vida y que la experiencia laboral no sea un factor de exclusión. Adicionalmente, menciona que las condiciones laborales son cada vez más complejas: horarios laborales de 8 horas en los cuales se deben realizar cerca de 14 consultas cada una aproximadamente de 20 minutos, sumado a esto se deben completar historias clínicas y adicionalmente tener tiempo ante cualquier otra consulta de emergencia que pueda salir en el día, todo esto, es bastante agotador y genera una sobrecarga laboral en los profesionales que se encuentran actualmente trabajando y una dificultad en oportunidades laborales para nuevos profesionales.

Enviar hojas de vida: el eterno retorno

Lo que se empieza a hacer normalmente a penas se recibe el diploma de grado -e incluso antes- es enviar hojas de vida. En la búsqueda de trabajo es común que se encuentren ofertas laborales que piden perfiles entre los 20 a 25 años que cuenten con una experiencia laboral no menor a 3, 4 y hasta 5 años, con especialización o magister deseable. Las características descritas para ese perfil parecen un chiste, pero no lo son, e increíblemente son más comunes de lo que se piensa. Encontrar una oferta laboral en la que no pidan o pidan menos de un año de experiencia, es casi un milagro, así como encontrar una oferta en la que el salario que se ofrece para el cargo de un profesional sea mayor al $1’500.000.

Según la opinión de Alejandro Avellaneda, un joven de 24 años, Ingeniero Industrial de la Universidad Javeriana, uno de los principales factores para que las empresas no contraten jóvenes es la falta de confianza en los nuevos talentos. Piensa que se exigen cosas que no son de mucho sentido como una experiencia laboral de dos años en adelante, siendo un recién egresado. Considera que no todos tienen la oportunidad de trabajar en un ámbito que tenga relación directa con la carrera profesional que estudiaron, lo que dificulta el hecho de ganar experiencia. Piensa que las empresas se esfuerzan en conseguir el talento tal cual está plasmado en la descripción del cargo, algo que no tiene sentido, pues nadie cumple completamente con los perfiles, por el contrario existe mucha diversidad, diferentes habilidades y capacidades para desarrollar apropiadamente determinado puesto de trabajo. Adicional a esto, el tema salarial resulta ser otro tema complicado. A Alejandro le han ofrecido cargos en diferentes áreas, pero le pagan un salario que se encuentra cerca del mínimo aún con su título profesional como ingeniero. Para él, muchas empresas se aprovechan de la situación de los jóvenes para exigir demasiado y pagar muy poco, pues hoy en día ser joven y tener un buen empleo se considera como un privilegio y esto genera una sensación de frustración y el hecho de pensar en buscar oportunidades fuera del país o en otros sectores.

Muchas empresas se aprovechan de la situación de los jóvenes para exigir demasiado y pagar muy poco, pues hoy en día ser joven y tener un buen empleo se considera como un privilegio...

Todo se convierte entonces en un círculo vicioso en el que: por un lado, no tenemos la experiencia necesaria para siquiera postularnos a las ofertas laborales, por lo tanto, no conseguimos trabajo, y en consecuencia no podemos adquirir nunca esa primera experiencia porque no se nos da nunca esa primera oportunidad. El acceso al primer empleo de nosotros los jóvenes es lo que nos dificulta y obstaculiza empezar a construir una carrera laboral.

Sin experiencia ¿cómo hacemos?

Hay algunas razones por las que se podría pensar que no se contrata a un joven recién graduado: desconfianza del empleador en términos de responsabilidades a una persona tan joven, inexperiencia, incertidumbre, inestabilidad, etc. Sin embargo, podría decirse que la mayoría de los que estudiamos una carrera profesional encontramos en esta, al menos, cierto grado de pasión y gusto, sin mencionar que pasamos cinco años de nuestra vida -y en ocasiones más- preparándonos para ejercer nuestra profesión. Sin duda, este conocimiento que se gesta en las aulas es solo una parte de la preparación que se necesita y que se complementa en la práctica, por esto es que pedimos oportunidades.

Lo que generan todos estos obstáculos para conseguir el primer empleo es que a muchos jóvenes les toque empezar a buscar algún trabajo informal, pasar obligatoriamente a la inactividad y a ser reconocidos como ‘ninis’ e incluso pensar en irse del país buscando diferentes oportunidades, como lo corrobora el testimonio de Alejandro, e incluso en ocasiones se encuentran con otras opciones que muchas veces nada tienen que ver su formación profesional. Un ejemplo de ello son los call centers, las tiendas de ropa, ser meseros/as en restaurantes o bares, entre otras opciones, en donde, sin demeritar el hecho de trabajar en estos lugares, podría decirse que se está “desperdiciando” el conocimiento para el que uno se preparó como profesional.

Al no ser este un problema nuevo para los jóvenes en Colombia, hace un tiempo, desde el gobierno se han planteado iniciativas que permitan que las prácticas laborales que se hacen dentro de nuestros pregrados cuenten como experiencia laboral, así aumentar la posibilidad de acceder al mercado laboral. Me refiero a la Ley 2043 de 2020, la cual tiene como propósito “contribuir a la materialización de los principios y derechos fundamentales del Estado Social de Derecho, entre otros: el trabajo, la dignidad humana, la seguridad social, (...) libertad en la escogencia de profesión u oficio; garantizando que la población que ha culminado recientemente con un proceso de estudios pueda ingresar de manera efectiva a ejercer su actividad laboral”.

Estas iniciativas, seguramente han beneficiado a muchas y muchos jóvenes como es el caso de Fiorella Pinzón de 22 años, profesional de Cine y Televisión de la Uniagustiniana, quién pudo conseguir su primer empleo formal gracias a su trabajo en las prácticas y a un recomendado. Sin embargo, su opinión es que sin duda alguna conseguir el primer trabajo no es fácil, pero sí considera que es clave que las prácticas laborales que se hagan en el pregrado sean lo más valiosas posibles porque esta experiencia es la primera que se va a tener del mundo laboral y a partir de ahí es que se puede empezar a tener una formación laboral.

Lo que muestra esto es, por un lado, la necesidad de pensarse en más normas como la Ley 2043 de 2020 que permitan empezar un acceso gradual de los jóvenes al sistema laboral y por otro lado, se evidencia que sin importar qué carrera profesional se estudie, el panorama es muy parecido para todos los profesionales. Se hace necesario que se piensen en más ofertas laborales para nosotros los jóvenes y que nos permitan aprender por medio de la práctica. Que necesitamos que se tome en cuenta todo el esfuerzo que hacemos para formarnos en determinada profesión, el tiempo y dinero que invertimos en ello. Que nos den la confianza de mostrar que como jóvenes sí podemos adquirir responsabilidades laborales y afrontar distintos retos profesionales aún siendo recién egresados.

No queremos que nos regalen nada, queremos trabajar para obtener buenos salarios, mostrar nuestras habilidades y capacidades y empezar a crear una carrera laboral, pero sobre todo queremos esa primera oportunidad que nos permita empezar a ejercer y aprender.

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Podcast

Conversando con el sello

T1 E7 - Graduados de desempleados
- Daniela Pedraza

La realidad de muchos profesionales recién egresados es que su título no les ha servido mucho a la hora de conseguir un empleo donde ejerzan su profesión, pero, como trabajo es trabajo, los jóvenes se terminan regalado como mano de obra barata al call center, entonces ¿Qué se puede hacer si no estás en la palanca? ¿De quién es la culpa? ¡Auxilio!
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2021-07-17 por Sara Juyo Morera y Juan David Díaz Molina un producto Cara & Sello



Sobre la autora

Daniela Pedraza

Escritora

Mujer. Colombiana. Socióloga con Mención en Derechos Humanos y Justicia Transicional. Enamorada de los perros, los girasoles y los atardeceres. Con interés y amor por los temas, luchas y causas sociales.



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