Sociedad

¡Increíble descubrimiento de un joven colombiano!

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Daniel Rodríguez es un joven de tan solo 22 años. Vive con su Mamá y Sara, su hermana de 16 años. Cara & Sello fue hasta su casa para hablar con quién, seguramente, pondrá en alto el nombre del país.

Daniel vive en un edificio en el noroccidente de la capital, nos anunciamos en portería y con un dejo de alegría Rodríguez permite nuestro ingreso. Un apartamento espacioso, de tres cuartos con una sala amplia. Todo está en perfecto orden. Daniel se encuentra solo y nos recibe con amabilidad y una sonrisa.

Su hermana aún no ha llegado del colegio, su mamá, profesora de matemáticas en un colegio del distrito, caída la noche se reencontrará con sus hijos. Con su papá tiene poco contacto, aunque se ve cada 8 días con Sara y paga la mitad de la pensión de su colegio y de la matrícula de la universidad de Daniel.

Daniel nos invita a pasar a su cuarto, se siente más cómodo ahí. Dentro de él notamos la descoordinación entre la pulcritud de todo el apartamento y el desorden y suciedad que reinan en el "templo de su pensamiento", como lo llama Rodríguez. Platos, ropa sucia, colillas de cigarrillo, un computador portátil y su cama sin tender. No tiene televisor, se lo regaló a Martha, la señora que viene cada 8 días a hacer el aseo. “Pura basura lo que se ve en esa caja, en los ‘medios de desinformación’, no sé cómo la gente no se deprime, por ejemplo, leyendo prensa”. Nos acomodamos como podemos.

“Pura basura lo que se ve en esa caja, en los ‘medios de desinformación’, no sé cómo la gente no se deprime, por ejemplo, leyendo prensa”
- Daniel Rodríguez

Daniel empieza a narrarnos cómo surgió el descubrimiento de lo que, en medios internacionales, empieza a tener resonancia y que, desde ya, genera calurosos debates en el mundo académico.

Sin embargo, su semblante cambia radicalmente. El muchacho otrora alegre hace apenas 15 minutos se transforma. El ceño fruncido, en su rostro expresa algo parecido a la angustia. Después de un largo suspiro realiza un esfuerzo monumental, a todas luces visible, para articular las palabras.

En la dolorosa soledad de su cuarto, nos relata Daniel, un sábado en la noche mientras veía a sus amigos enfiestados, por medio de historias en Instagram, descubrió a través de amargas lágrimas que la vida no tiene sentido, que toda interacción y objetivo que se plantean los seres humanos es inocua, superflua, y que considerar como felicidad apegarse a lo común raya con lo ridículo. Ha definido a la humanidad como una contradicción bastante chistosa.

“El mundo es un lugar espantoso donde el caos es intrínseco” acentúa Daniel. Sin embargo, las personas se encuentran enceguecidas por múltiples artilugios irrelevantes que no les permiten abrir los ojos ante una realidad horrorosa. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Un ciclo que el ser humano parece disfrutar, al que no opone resistencia. Los actos heroicos, que rompan los cánones establecidos, no tienen cabida en la vida normal de la gleba. Una naturaleza efímera, un desarrollo poco productivo. De ahí la angustia que produce el pensar en el Hombre (y La Mujer).

Lo de Daniel fue un chispazo, digno de un ¡eureka! Aunque desde años atrás venía considerando esta teoría, eran postulados inconexos, con un derrotero argumentativo débil. Necesitó una noche de zozobra inagotable para ver la luz al final del túnel. Paulatinamente su pensamiento se fue vigorizando, mientras fingía vivir una vida feliz, ocultando cómo todo en el mundo se iba tornando más lúgubre. Cuando creía que su teoría era lo suficientemente estable para ser digna de marcar un hito histórico, nos contactó. Agradecemos, de antemano, el honor con que funge a esta revista. Consideró que los lectores de Cara & Sello comprenderán su complejo sistema filosófico.

Lo de Daniel fue un chispazo, digno de un ¡eureka!

La tristeza que conlleva a un descubrimiento de esta índole trae consigo, de todos modos, un signo de alegría en la vida de Rodríguez. Para el joven, haber llegado a tan extraordinarias conclusiones le permiten - y con razón - considerarse superior a la gente común y le da derecho de crear un cierto desprecio por el ser humano, incluso por amigos y familiares, a los que denomina como "poco iluminados, faltos de experticia en el dolor existencial", que lo acosa desde que se conoce. “A donde voltee a ver llego a la misma conclusión: la gente es muy extraña, muy bizarra”. De ahí, afirma, su pretensión de ser una persona fría, introvertida y que desconfía por naturaleza de su prójimo.

"Yo no entiendo a qué vinimos a este mundo, ¿a sufrir? debimos seguir descansando en la paz de la nada" después de un largo silencio anota Rodríguez, con su mirada al vacío, mientras prende el cuarto cigarrillo desde que llegamos a su casa.

No obstante, algunos de sus contradictores acusan a Rodríguez por la fragilidad de su pensamiento, al ser únicamente la expresión de una decepción amorosa y las limitaciones que le impone la falta de recursos económicos (propios) que no le permite disfrutar los lujos y superficialidades, que hoy en día tanto crítica. Rodríguez se mofó de esos ataques infundados, según él, y fue enfático al decir que estas situaciones nada tenían que ver con esta nueva faceta. Los aspectos subjetivos que lo atormentan todos los días, más que ensimismarlo, le permitieron tener una visión holística de la humanidad.

Otra razón para considerarse superior afirmó categóricamente Daniel, es que, según una exhaustiva indagación dentro de su círculo social, nadie en el universo había llegado a esa conclusión. "Yo podría ser un nuevo Jesucristo, ¿si me entiendes?" declaró socarronamente Daniel para este medio. Aunque se mostró sorprendido cuando se le preguntó sobre pensadores pesimistas, poetas y filósofos malditos. Señaló que reconocía algunos nombres, pero que no creía importante la lectura acuciosa de sus libros. “¿Albert Caraco? ¿Quién es ese marica?, suena como a que es un paraco”.

"Yo podría ser un nuevo Jesucristo, ¿si me entiendes?"
- Daniel Rodríguez

No obstante, tiene una que otra imagen de Charles Bukowski y Andrés Caicedo en la galería de su smartphone, del cual no pudo despegarse durante toda la entrevista, a pesar de ser un firme defensor del voluntarismo schopenhaueriano.

"Si se me hacía raro todo lo que Daniel ponía en redes, pero yo lo conozco hace 5 años y la verdad es un muchacho que se ríe mucho, que le gusta mucho la rumba y es muy sociable”, declaró Mateo Bustamante, compañero en la universidad de Daniel. “Es que yo creo que él confunde el spleen con seguir entusado, algo que no quiere aceptar, y no ser tan bonito" comentó Laura Báez, amiga desde la infancia de Daniel.

Rodríguez señaló el desconocimiento del mundo entero de sus verdaderos sentimientos: "¿Para qué hablar con los que quiero, y se preocupan por mí, de cómo me siento si nadie me va a entender? Me pareció más lúcido sufrir en silencio, no quiero manchar mi dolor con la incomprensión del vulgo".

Esperamos que con este nuevo descubrimiento se inaugure una nueva etapa para la humanidad, que, bajo los complejos postulados de este genio tristón, incomprendido por la sociedad y rechazado por su crush, se puedan llegar a fructíferas escuelas de pensamiento, en todas las disciplinas del conocimiento.

Cara & Sello añora que los frutos de este arduo trabajo puedan ser disfrutados por este nuevo baluarte colombiano, algo que, infortunadamente, es improbable porque ha contemplado seriamente la opción del suicidio. Después de un chequeo por sus redes sociales, efectivamente, observamos que, en su perfil de Facebook, Rodríguez ha compartido varios memes con coloquialismos mexicanos sobre el placer de la muerte, el dolor constante de la vida, drogas, sexo, la pérdida de fe en el amor, el sinsentido del día a día y el hacer poco para cambiar esta situación.

“No entiendo el miedo a la muerte de la chusma ignorante. En cambio, me gusta la gente a la que le digo que todo es un basural y comparte mi cosmovisión. La muerte es una vía de escapatoria a lo que realmente es un dolor per se: la vida. Yo quiero morirme como Asunción Silva, de un balazo en el corazón”.



Sobre el autor

Juan José Fajardo

Editor, Escritor

Politólogo, eufórico al decirlo. Estudio con amor y paciencia a Colombia, ese país que entró con angustia a la modernidad, a través de su arista más triste: la violencia. Le sigo entregando mis mejores horas a lo que mas amo, aunque no me deje plata; me va a matar el descaro. El camino que escogí no lleva a Roma, como dice E. H.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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