Sociedad

La nueva irrelevancia de la red

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En los últimos meses, han pasado situaciones que me han percatado como la red y el internet han llegado a su cumbre de desarrollo, pasando a ser una discusión pasajera.

La lucha de las plataformas streamers para alcanzar a dominar un mercado ya ocupado, llegando a su tope de crecimiento. La caída de las criptomonedas, donde las expectativas elevadas han terminado por estallar en una aparente burbuja que cada prometedora tecnología genera. Las nuevas y fuertes presiones del gobierno de los EEUU o la Unión Europea para regular las redes. Todos estos fenómenos muestran algo evidente: internet ya no es el futuro.

Se ha normalizado. Como la televisión en su momento, o los libros, las lavadoras, las neveras, las máquinas automáticas, los ferrocarriles, entre muchos otros. Atrás empiezan a quedar los tiempos en donde veíamos al internet como algo revolucionario, obra del poder de la tecnociencia, para normalizar como el conjunto de tecnologías a nuestro alrededor.

Ya las utopías y distopías del internet han sido cumplidas o descartadas. Ya las pesadillas de la vigilancia masiva, desde la del capital hasta de los gobiernos autoritarios, han sido cumplidas o empiezan a ser controladas. Ya el internet se ha anclado al mismo sistema, como lo hizo en algún momento muchas otras tecnologías que han pasado a la historia como revolucionarias como la imprenta o la máquina a vapor.

Parece que el tiempo de la fascinación con el internet ya ha pasado a la historia. Ya se ha hablado hasta el hartazgo de la interconexión que trae la red, rompiendo fronteras y ampliando el acceso al conocimiento. Existen hay miles de plataformas de educación que democratizan e igualan la capacidad de aprender. Ya se rompieron las fronteras que el internet podía romper.

Comienzan a ocuparse poco a poco los puestos en desarrollo digital que han sido el boom del siglo. Ya las plazas de periodismo por redes y divulgación están cubiertas o estables. Actualmente, hablar de esto como elemento transformador es irrelevante, una discusión propia de las dos décadas pasadas.

Si la primera década del siglo fue marcada por el optimismo hacia la red y la segunda nos dio la peor cara de esta, la nueva década se marcará por la normalización y la nueva irrelevancia del tema. Atrás quedan poco a poco las discusiones sobre los potenciales transformadores o los peligros.

¿A qué va todo ello? En la melancolía o tristeza de dejar atrás la fascinación por la promesa del futuro, producto de que este ya es presente y hace rato, dejó de ser impresionante. Es pensar cómo se olvidará la era digital, no porque esta haya terminado, sino porque perderá relevancia en nuestro imaginario. Hablaremos de esto como hablamos de la era industrial, la era nuclear o la revolución de la electricidad. Todas eras o revoluciones que nunca han acabado, pero que han sido totalmente normalizadas a nuestros ojos.

Solo queda esperar ya, igual que siempre, la próxima promesa tecnológica. ¿Qué nueva tecnología remplazará a la era digital? ¿Con qué otra maravilla nos asombrará la gran civilización tecnocientífica que hemos construido? ¿Cuál será la próxima promesa que transformará sociedades y economías enteras, llevándonos cada vez más a lo que hemos denominado progreso, futuro?



Sobre el autor

Santiago Ramírez Sáenz

Escritor

Politólogo en formación, con aspiraciones a futuro en antropología, filosofía y economía, entre las que se puedan aparecer en el camino. Gran apasionado de la ciencia y la tecnología, eje central de mi trabajo académico y mi proyecto de vida. Bachatero y salsero, aunque no lo parezca. Gran fanático del sueño interestelar y nerdo de nacimiento.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello



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