Sociedad

¿Es buena idea emborracharse en un festival musical?

Si han ido a un festival de música o a un concierto sabrán que uno de los principales participantes es el alcohol. Es obvio, ¿A quién no le gusta compartir un traguito con su amor, su parche o su crush mientras escuchan a su banda favorita o a ese artista que pensaron que nunca verían en vivo? Sin embargo, hay una pregunta que nace en el fondo de este escenario: ¿es buena idea emborracharse en un festival musical? Pues bueno, en mi opinión, es la peor de las ideas que pueden tener.

Piensen en cuántas veces pueden emborracharse en el año (pensemos que estamos en un escenario normal, libres del Coronavirus y en el que podemos salir a bares y hacer reuniones en la sala de la casa). Ahora piensen en cuántas veces pueden ir a un festival musical a ver la banda que les gusta. ¿Notan la diferencia?

Ahora piensen, por ejemplo, que Freddy Mercury está en vivo y que Queen acaba de anunciar que vendrá a su ciudad. Imaginen que compran la boleta juntando sus ahorros, pagando a cuotas y teniendo la convicción de que cada peso invertido valdrá la pena. Imaginen que llega el día, tal vez la única oportunidad que tengan de ver a Queen en su vida.

Imaginen que llegan al festival y que están tan emocionados que se toman una cerveza, pero obvio, el evento amerita otra. Al fin y al cabo, es algo especial y estamos de celebración.

Empiezan a pasar las cervezas muy rápido. La sed, la energía y la alegría son el detonante perfecto para pedir otra y otra.

Luego de un rato, ustedes y sus amigos tienen el ánimo en las nubes y de repente el grupo que está al lado pide una botella de whiskey. Los chicos de ese grupo se ríen y de repente deciden unirse a ustedes. Ya no son un grupo de 5 amigos, son un grupo de 12 donde todos empiezan a combinar whiskey, ron, cerveza y chistes.

- ¿Hacemos vaca para la otra?

- ¡Obvio! ¿Por qué no?

Llega la otra y un trago se convierte en dos y en tres. Un sorbo se convierte en fondo blanco y el escenario que estaba frente a los ojos de todos empieza a estar más lejos.

Imaginen que empiezan a tambalear. Ahora tienen la impresión de que la gente se hace más grande y las ganas de estar de pie se vuelven más pequeñas. Entonces, deciden sentarse solo un rato, igual el concierto no ha empezado. Cierran los ojos y eso es lo último que logran recordar.

Imaginen que al otro día se dan cuenta de la realidad: nunca vieron a Queen. No quedó ni el vaso del recuerdo. ¿Qué es lo primero que se dirían ustedes mismos al saber esto?

Siempre me ha parecido que emborracharse hasta el punto de perder la conciencia es una mala idea. No hay pena, mal o incluso un buen momento que termine bien si uno pierde el sentido, las ganas de vivir y los recuerdos a causa de una borrachera. Es justamente esta última pérdida la que me ha hecho pensar desde el principio que no vale la pena emborracharse en un festival de música.



Sobre la autora

Leidy Pimienta Gómez

Escritora

Antropóloga y periodista. Amante de la música y apasionada de los sonidos. Siempre en espera de un buen concierto.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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