Política

Cazucá, una tierra de integración producto de la violencia

2020-09-23 por Laura Ventura

Las migraciones internas en Colombia han sido generadas en gran medida por el conflicto armado. Especialmente, aquel que ha dejado el desplazamiento forzado, al obedecer a un modelo de desarrollo pensado en función de las necesidades e intereses de quienes han detentado el poder sobre la tierra, bien sea el poder político o los intereses de capitales nacionales y transnacionales. Como consecuencia de esto, se presenta el crecimiento urbano informal, que según Unal Fartes, “es una de las manifestaciones más impactantes en las transformaciones de las estructuras sociales, económicas, sociales y ambientales en las escalas local, regional y nacional en los países donde estos procesos se presentan”. Generalmente, las movilizaciones generan grandes cambios en la distribución del territorio sean estos los puntos de partida, casi siempre rurales, o los puntos de llegada, casi siempre urbanos.

Este fenómeno de “colonización urbana” es más evidente en las zonas periféricas de las ciudades, donde se han concentrado los diferentes grupos migratorios. Esto genera en la población cambios significativos en sus lógicas sociales, tanto para la población originaria como para la nueva, pues la identidad de la población originaria del territorio se verá permeada por las costumbres de la nueva comunidad, mientras que esta última, por su parte, sufrirá un proceso adaptativo de las dinámicas de su nuevo territorio. Estos procesos marcan el desarrollo de las comunidades, siendo variables importantes para entender los diferentes hechos, hitos y procesos que marcan las formas de comportamiento de los asentamientos.

Así es como la comuna cuatro de Ciudad Bolívar en la ciudad de Bogotá, más conocida como Cazucá, a lo largo de su historia (desde su fundación en los años setenta hasta hoy) ha experimentado diferentes etapas de apropiación del territorio, entendiendo esta como la dinámica de hacerse partícipe de las lógicas de un territorio y, por consecuencia, de su comunidad, además, también es evidente que la existencia de vínculos de poder en el transcurrir de su formación afectan la manera como los habitantes se identifican con su territorio. Mostrando dos momentos que marcan la historia de Cazucá. Primero, causas políticas que dieron origen a esta comunidad y segundo, las consecuencias que contrajo la integración de desmovilizados de diferentes grupos armados en la comunidad, los cuales se vieron inmersos en un proceso de paz en el año de 1990.

Durante la segunda mitad del siglo XX, en Colombia, tienen lugar diferentes procesos políticos, tanto a nivel nacional como regional, dentro de los cuales son remarcables el Frente Nacional y el surgimiento de grupos armados al margen de la ley. En este periodo histórico, la nación buscó la realización de varias reformas agrarias que buscaban la reivindicación del agro nacional, pero este intento fracasó debido a la fuerte represión democrática del Frente Nacional.

Durante la década de los 70, el primer gran proceso de urbanización del siglo XX en el país estaba culminando. Los diferentes Gobiernos Nacionales habían promovido un crecimiento de la población urbana desde 1951. Además, para este momento, el país carecía de una política de urbanización clara que le permitiera un crecimiento sostenible a las ciudades, es decir, carecía de industrialización y empleo, de provisión de servicios públicos y, en general, de un desarrollo bien dirigido. Esta carencia, hizo que la mayoría de las ciudades tuvieran que aumentar su tamaño de forma acelerada, por lo que el crecimiento fue asimétrico y carente de orden.

La historia de Cazucá se remonta a 1930, cuando los predios fueron entregados por el Gobierno Distrital a empresas para la explotación en cielo abierto de canteras. Para 1975, los suelos de la zona ya habían sido gastados por la extracción de los materiales de construcción, causando que muchas empresas abandonaran este territorio. Es allí donde comienza la colonización de diferentes grupos provenientes de diversas zonas rurales del país, esto, sumado a las condiciones geográficas del territorio que dificultan la entrada de entes estatales, convertía a Cazucá en una zona de asentamiento perfecta para los migrantes. La colonización del cerro de Cazucá inicia en la parte baja del mismo, con la invasión y formación del barrio Julio Rincón. Desde ese momento, los migrantes de diferentes regiones como el Huila, Tolima, el Valle del Cauca, Cundinamarca, Boyacá, y algunos más inician asentamientos en las faldas de este, para posteriormente realizar ascenso gradual hasta la cima de la montaña. Conformando así, los altos de Cazucá.

De esta manera, las personas veían la oportunidad para mejorar su calidad de vida en las ciudades, pues la situación en el campo cada vez era más crítica debido a que la expropiación de tierras era cada vez más común y el gobierno incentivaba las migraciones hacia el centro del país. Así, se puede explicar la formación de comunas tales como Cazucá, donde se estima que hoy día conviven alrededor de 53.826 habitantes.

El segundo momento, está relacionado con la integración de desmovilizados en la comunidad de Cazucá, y cómo estos se apropiaron del territorio mediante la creación de colectivos que buscaban crear una identidad de este sector, a partir de la idea de la reivindicación de los derechos humanos. Para 1990, las dinámicas en la comuna 4 de Soacha tienen un gran cambio, pues se insertan en su estructura personas de grupos armados que empiezan su proceso de desmovilización después de diálogos con el gobierno. Entre los que se encuentran miembros del M-19 quienes a falta de garantías por parte del gobierno y con una baja posibilidad de entrar a laborar en empresas debido a su condición de ex guerrilleros, se ven obligados a obtener terrenos a bajo costo en Cazucá y realizar allí su proceso de reinserción a la vida civil, intentando formar movimientos de identidad territorial para pronunciarse frente al Estado y supliendo el papel que este no ejercía para lograr satisfacer las necesidades básicas de la comunidad.

Sin embargo, no se obtienen resultados de la conformación de grupos cívicos, dada la situación de abandono en la que se ha encontrado este sector, hasta la actualidad. Por otra parte, la organización de estos excombatientes llama la atención de grupos como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en el año 2000, que ingresan a este territorio con el propósito de acabar con la poca ‘legitimidad’ que han ganado los desmovilizados y, además, debilitar y acabar las acciones sociales que estos habían iniciado, incluso llegar a combatir a la comunidad que apoyaba la presencia de los militantes. También, eliminan de esta zona, la presencia que realizaban grupos guerrilleros de las FARC-EP mediante disputas y conflictos armados, por lo cual se logran consolidar definitivamente las Autodefensas Unidas de Colombia en Cazucá.

El ingreso de las Autodefensas es lo que da un cambio radical a las dinámicas de la comunidad, ya que esta situación es la que permite la aparición de grupos organizados delincuenciales, quienes en primer lugar, tratan de contrarrestar el accionar paramilitar, pero fallan debido a la inexperiencia y la falta de armamento a comparación del manejado por las AUC. Además la aparición del crimen organizado, ‘pandillas’ y microtráfico, genera una forma de financiación para las diferentes organizaciones que surgen iniciando el siglo XXI y que así mismo, provocaron altos índices de violencia gracias a la disputa constante que se tiene por tener el control del narcotráfico. Por lo cual, no es posible determinar un solo agente de violencia en esta comuna, pues la motivación antisubversiva ya no posee la misma relevancia, pues es posible ver cómo en algunas partes de Cazucá los grupos guerrilleros y paramilitares convergen por el control y dominio de las zonas sin ataques directos, realizando una presencia simultánea.

Sumado a lo anterior, la cantidad de grupos y modalidades que han hecho presencia en Cazucá han incluido a la juventud de este territorio en sus prácticas criminales, envolviendo a la población en una ola de violencia cada vez mayor, porque la “obligación” que tienen los jóvenes es vincularse a alguna de las formas de actuar que tienen los grupos delictivos. Esta situación ha generado el asesinato de muchos de estos por no contar con la protección paramilitar, no unirse a las milicias de la guerrilla o negarse a expender drogas y robar. De esta manera, hay conflictos constantes por el poder territorial, económico y social de esta comunidad, inmiscuyendo a niños, jóvenes, madres y padres cabeza de hogar que se ven afectados por el conflicto que representa la convivencia entre los agentes criminales.

Este es un contexto que no tiene su epicentro en un grupo determinado. Se debe más, como se ha mencionado, a la convivencia de paramilitares, guerrilla, grupos delictivos y la misma comunidad, los cuales han determinado las características de Cazucá y han permitido que este sea marginado por el Estado ya que la presencia que este puede realizar allí, se vería truncada por la cantidad de agentes que batallan por el control. Siendo necesaria, la reducción de la violencia y de las problemáticas que se presentan en esta comunidad, lo que ha permitido que personas y fundaciones con el ánimo de mejorar esta situación hayan llegado a este territorio para trabajar por esta población.

Como se ha visto, la historia de Cazucá ha sido golpeada por distintos cuadros de violencia que han sido superados por el trabajo de la misma comunidad. En los primeros años del nuevo siglo, Cazucá era un barrio donde la juventud estaba amenazada constantemente por el paramilitarismo, las guerrillas y las pandillas, y por todos los problemas secundarios que están conllevan, como la drogadicción, el alcoholismo, la prostitución, los embarazos adolescentes, etc. Es en este contexto que Andrés Wiesner se da cuenta de que uno de los causantes de que los jóvenes escojan el camino de la delincuencia, no solo es la falta de oportunidades, sino, además, la falta de actividades para gastar el tiempo libre.

- En colaboración de Juan Guzmán.



Sobre la autora

Laura Ventura

Editora, Escritora

No todo está dicho, el tiempo es cambiante y es válido hablar sobre lo que se cree. Por esto escribo, porque es necesario tomar una posición frente a lo que se es y se vive, porque me gusta pensar que alguien puede identificarse en mi escribir. Hablo a partir de mi posición en la sociedad, como mujer, una mujer en proceso de deconstrucción que se denomina feminista. Amante de entender las dinámicas sociales a partir de la economía y la religión. Hablando sobre la delgada línea que separa la cara del sello.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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