Política

El imperio machista construido por Trump

Tiempo estimado de lectura: 8 min
2020-11-17 por Laura Ventura

Después de casi cuatro años en la presidencia, Trump ha dejado ver aciertos, desaciertos, donde ha obligado a las instituciones a hacer un contrapeso para evitar la concentración del poder y un control único del país. Millones de personas lo apoyan, lo que se pudo observar posterior a conocer los resultados de las elecciones, el pasado tres de noviembre, aunque no haya salido victorioso. Luego de conocerse a Joe Biden como ganador de la presidencia de los Estados Unidos, es válido observar cuáles razones pudieron influir en que el actual mandatario, Donald Trump, se quedara en el camino a su reelección. Para ello se dará lugar a la importancia del voto femenino, las razones que pudieron haber influido sobre este sector de la población para ser partícipes del destino del próximo habitante de la Casa Blanca, pues unos pocos puntos porcentuales lo dejaron por debajo de su contendiente.

Durante los cuatro años que ocupó un lugar en la Casa Blanca, Trump ha sido acusado de sexista y misógino debido a insultos recurrentes a sus colaboradores. A través de los medios de comunicación, siempre usando un lenguaje que atenta contra las personas hacia quienes va dirigido; minimizando a las personas y más aún a las mujeres, por el hecho de serlo, como menciona en su libro Trump 101 “La belleza y la elegancia, ya sea en una mujer, un edificio o una obra de arte sólo es algo superficial o algo lindo que ver”. Igualmente, hace entender que las mujeres son y deben ser por naturaleza, personas sexys que lleven al consumo del hombre a través de sus atributos físicos. Ha dejado clara esta perspectiva en un sinnúmero de entrevistas y declaraciones, hasta su cuenta de Twitter es uno de los medios más frecuentes, que usa como instrumento de minimización a la mujer.

Por ende no es sorprendente que sus políticas hacia la población femenina no se hayan encontrado presentes durante su mandato, por el contrario, dio un retroceso abismal al proceso que venía avanzando con Barack Obama. Unos meses después de disponer su entrada en la Casa Blanca, Trump puso en marcha políticas, leyes o derogación de las mismas, poco amigables con la población femenina del país. Algunas de estas medidas son, La Ley Mordaza, la cual elimina el aporte o asistencia internacional a organizaciones involucradas en el aborto o en derechos sexuales y reproductivos. También, el retroceso en la Ley del cuidado de salud a bajo precio la cual subsidiaba a la población estadounidense en sus planes de salud. De igual manera, la derogación de la ley Fair Pay and Safe Workplaces, donde se buscaba que las víctimas de acoso y violencia sexual tuvieran apoyo y compañía por parte de las organizaciones donde laboraran o estudiaran; y, asimismo medidas que no aportan al desarrollo ni protección de la mujer, sin hablar claro está de las medidas en contra de la igualdad y equidad laboral.

Por ende no es sorprendente que sus políticas hacia la población femenina no se hayan encontrado presentes durante su mandato, por el contrario, dio un retroceso abismal al proceso que venía avanzando con Barack Obama...

En primer lugar, la Ley Mordaza fue establecida desde 1984 por Reagan, y fue desmontada por la administración Obama en el 2009. Esta ley supone el bloqueo de la financiación a cualquier institución que preste sus servicios a favor de la interrupción voluntaria del embarazo en cualquier parte del mundo, que brinden orientación al respecto, que apoyen o aboguen por leyes que regulen y legalicen el aborto y cualquier tipo de vinculación con este tema. Por estas razones, se elimina la financiación a cualquier institución de esta índole, obligándoles a trabajar con sus propios fondos o buscar financiación por otro medio; lo que supone poner en riesgo a miles de mujeres que se ven obligadas a recurrir a estas organizaciones, ya que una de las mayores causas de muertes maternas se debe a prácticas de aborto inseguro. Es entonces que la reactivación de esta Ley trae problemáticas y pone en riesgo la salud sexual y reproductiva de muchas personas en el mundo, la cual se volvió a poner en marcha, basada en hechos morales y religiosos, lo cual afecta la vida de mujeres en busca de este servicio.

En segundo lugar, la restricción de Obamacare, un programa que se había caracterizado por ayudar a los trabajadores a pagar una parte de su seguro médico con fondos del Estado y de las respectivas empresas. Sin embargo, con la limitación de la Ley del cuidado de salud a bajo precio, se eliminó la obligación al empleador de incluir en los seguros de sus empleados la cobertura de los planes de control de natalidad, lo que supuso una restricción al acceso de métodos de planificación y anticonceptivos para miles de mujeres. Esta decisión se toma en la administración, bajo la premisa de que las empresas, compañías y universidades pueden dejar de ofrecer servicios y cuidados anticonceptivos bajo “creencias religiosas o convicciones morales sinceras”.

Se eliminó la obligación al empleador de incluir en los seguros de sus empleados la cobertura de los planes de control de natalidad, lo que supuso una restricción al acceso de métodos de planificación y anticonceptivos para miles de mujeres...

Finalmente la derogación de la ley Fair Pay and Safe Workplaces (salarios justos, lugares de trabajo seguros), una Ley instaurada por la administración Obama que evitaba cualquier forma de encubrir acoso sexual y discriminación, prohibiendo a las empresas o compañías mantener en secreto cualquier acto de acoso frente a los empleados y entre los mismos; obligando de esta manera a que la entidad se viera involucrada en la resolución de estas problemáticas y así no se solucionara de manera arbitraria, quedando en secreto y protegiendo al agresor, por el contrario, convirtiendo la forma de acoso en un hecho público. La ley protegía a las mujeres en dos aspectos: daba transparencia sobre su salario, e incorporaba la prohibición expresa de forzar a un arbitraje en casos de acoso sexual. Sin embargo, nuevas guías de la actual administración, ponen en jaque a las mujeres víctimas de acoso, pues ahora son indispensables “pruebas claras y convincentes” para que una acusación de acoso prospere en este país, pues hay que preguntarse: ¿Qué es claro y convincente para un gobierno sexista?

Ahora bien, en la campaña por su reelección, Trump pedía de manera fervorosa a las mujeres apoyo en las elecciones del pasado tres de noviembre, diciéndoles: “¿Puedo pedirles un favor? Mujeres de los barrios residenciales: ¿Puedo por favor gustarles?” Situación que muestra su necesidad de obtener los votos de este sector de la población, para asegurar su lugar en la presidencia, así como hace cuatro años en las elecciones que ponían al lado de la balanza a Hillary Clinton. Igualmente se le escuchó decir: “A las mujeres de la periferia les digo que sé que les gusta la política que hago, pero no mi personalidad. Y yo les digo que no se preocupen por mi carácter y tengan en cuenta que yo he conseguido que estén seguras”. Pero podemos preguntarnos, ¿qué tan seguras?

Es entonces, que muchas mujeres se han visto afectadas por las políticas instauradas por Donald Trump, por la falta de presencia en su agenda y en el presupuesto nacional, además de la brecha de desigualdad que se vio reforzada por la actual pandemia, aumentando las tasas de desempleo. Una cantidad de leyes y políticas impactan la salud de las mujeres, sus derechos sexuales y reproductivos, además de su integridad física y psicológica al no obtener apoyo por parte del Estado en caso de ser víctimas de violencia. Puede que gran parte de este sector de la población se haya encontrado al límite y haya decidido quitar su apoyo al republicano en estas elecciones; sin embargo, es necesario esperar análisis de fuentes oficiales para poder observar qué tanto influyó el voto femenino en las actuales votaciones.



Sobre la autora

Laura Ventura

Editora, Escritora

No todo está dicho, el tiempo es cambiante y es válido hablar sobre lo que se cree. Por esto escribo, porque es necesario tomar una posición frente a lo que se es y se vive, porque me gusta pensar que alguien puede identificarse en mi escribir. Hablo a partir de mi posición en la sociedad, como mujer, una mujer en proceso de deconstrucción que se denomina feminista. Amante de entender las dinámicas sociales a partir de la economía y la religión. Hablando sobre la delgada línea que separa la cara del sello.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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