Política

El nuevo dictador del siglo XXI

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A lo largo de la historia hemos tenido el infortunio de conocer múltiples dictadores, cada uno con tácticas distintas para amarrarse al poder: desde Hitler, la dinastía Kim, Saddam Hussein, Stalin, Idi Amin Dada, Ghadafi, Ortega, hasta la más reciente adición a la lista, Nayib Bukele.

Nayib Bukele, actual presidente de El Salvador ganó las elecciones de 2019 mostrándose como la figura más clara de juventud, nuevas ideas, renovación y desarrollo. El construir toda una narrativa positiva en torno a su imagen política no está mal, en las elecciones de todo el mundo vemos el esfuerzo que realizan los políticos para adquirir la mayoría del voto popular posible; pero desde hace un tiempo Nayib Bukele ha demostrado que, lejos de ser “el candidato del cambio”, es alguien que está dispuesto a poner sus ideales por encima de quien sea necesario.

Cuando un país como lo es El Salvador, con una tradición democrática tan inestable, por un pasado con golpes militares y guerras civiles, tiene un presidente que ve como algo muy jocoso autodenominarse "dictador" y “el dictador más cool del mundo mundial” es algo que no deberíamos pasar por alto porque, entre chiste y chiste, Bukele ha tenido actitudes que abandonan mucho el ideal democrático y se acercan al autoritarismo.

Parte de las características de los dictadores que se han repetido como patrones dentro del gobierno de Bukele son: destacarse entre el pueblo; una confianza altísima en sus propias capacidades; la habilidad de mentir, manipular o exagerar situaciones o a otros; se muestra como un hombre del pueblo que entiende y comparte sus necesidades; usa el marketing para entrar al subconsciente de su población; usa constantemente su “encantadora personalidad” para quitarle atención a temas importantes; culpa a los demás por los problemas que enfrenta su país; usa la propaganda y la desinformación para mantener el control; sus decisiones no tienen discusión debido a que está creando un “mundo mejor”; limita los derechos de los ciudadanos y se asegura que las posiciones de poder sean ocupadas por personas leales a él.

Ejemplos de lo anterior hay bastantes, pero es importante resaltar los siguientes. Primero, el autodenominado “dictador más cool del mundo mundial” obtuvo la autorización de la Sala Constitucional de postularse a una reelección consecutiva a pesar de que esto está prohibido en la Constitución. A esto es necesario sumarle que meses antes Bukele arremetió contra la independencia de las ramas del poder, específicamente contra los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, porque estos declararon ilegales algunas de las medidas que adoptó el gobierno en respuesta a la COVID-19.

Por esa razón, se destituyeron y reemplazaron a cinco jueces de alto rango y al fiscal general. Desde ese momento la Asamblea nombró a 10 jueces de la Corte Suprema, lo cual viola el reglamento que establece que solo tienen la capacidad de nombrar a 5 de los 15 jueces. Además, aprobaron reformas de ley que permiten que jueces y fiscales mayores de 60 años continúen con sus funciones, lo cual se puede usar para premiar a aquellos que sean leales al gobierno. Situaciones como estas sucedieron justo cuando Bukele tuvo el control claro de la Asamblea, luego de llenarla de militares y policías para dejar claro “quién tenía el control de la situación”.

Bukele también se ha encargado de mantener al margen a los medios de comunicación y a la información que estos le dan al público, como sucedió con un reportaje del diario El Faro que mostraba las negociaciones entre el gobierno y las bandas de El Salvador, a lo cual el presidente afirmó por Twitter que era mentira. Nos enfrentamos ante un presidente que "no ha tolerado críticas ni oposición" porque es su palabra la única que tiene validez. Lejos de ser un caso aislado, estos problemas han sido destacados por la Sociedad Interamericana de Prensa, que advirtió sobre el riesgo a la democracia y la libertad de prensa en El Salvador durante la gestión del presidente Bukele.

Además, el presidente se ha encargado de limitar los derechos de los ciudadanos en repetidas ocasiones. Una de ellas fue cuando reprimió violentamente protestas contra la adopción del Bitcoin como divisa de curso legal. También le cerró las puertas al aborto, al matrimonio igualitario y a la eutanasia motivado por la posición de la Conferencia Episcopal que afirmaron "como cristianos, estamos absolutamente a favor de la vida, desde su concepción hasta su muerte natural", "no se puede aceptar una reforma constitucional que ponga las condiciones para la legalización del aborto. Tampoco (...) que con un lenguaje equivoco, llamándole muerte digna, legalice la eutanasia. Nunca será legal el asesinato" y que "el fundamento de la familia es el matrimonio (...) gracias a la natural complementariedad entre el hombre y la mujer".

A pesar de que lo mencionado ya deja una imagen muy negativa de Nayib Bukele, la página oficial de El Salvador destaca sus altas cifras de popularidad y aprobación, y afirman que otros mandatarios están retomando el estilo de gobernar del Presidente Nayib Bukele.

Todo lo anterior sustenta los argumentos de muchos observadores del caso de El Salvador quienes afirman que la forma de gobernar de Bukele es mucho más cercana a una dictadura que a una democracia. En este momento los salvadoreños tienen en el poder a un gobernante que no respeta a sus ciudadanos y tampoco ofrece garantías para la democracia. Pareciera que cada decisión que toma Bukele es más equivocada que la anterior y cada vez más deja de lado esa imagen de millennial y progresista que protegería derechos y le ofrecería a los salvadoreños un gobierno renovado, justo y democrático. Lo curioso es que, a pesar de lo equivocadas que se vean sus decisiones, como sucede con la limitación de derechos humanos, el panorama más amplio denota una concentración de poder que no debe ser aceptada en una llamada democracia. Es decir, a punta de cortinas de humo, “el dictador más cool del mundo mundial” está convirtiendo sus chistes en una realidad ante los ojos del mundo entero.



Sobre la autora

Laura Sofía Cabrera Jaimes

Escritora

"Tal vez no pueda cambiar el mundo, pero sí el pedacito que me toca"
Pronto internacionalista, mientras tanto disfruto dar mi opinión, aprender de distintos temas y poder analizarlos en el proceso. Recién entrada a los 20. Rola. Amante del fútbol, los perritos, la fotografía y de cantar desafinado.



El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello


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