Política

Entre tampones, copas e impuestos excluyentes

Tiempo estimado de lectura: 6 min
2021-02-16 por Laura Ventura

‌Veintiochuda, gritona, alterada, irritable y un sinfín de apelativos hacia la mujer cuando nos encontramos en los días menstruales; incluso sin estarlo, recibimos estas palabras por cualquier acción que realicemos que se salga de nuestra feminidad compresiva, pasiva y amorosa. En pleno siglo XXI, la menstruación sigue siendo un tabú, y aunque se han realizado muchos esfuerzos para que sea reconocida como un proceso natural en cada una de las mujeres, aún queda un gran camino por recorrer. Como mujeres, el atravesar por este proceso nos hace perder oportunidades laborales, como si de una enfermedad se tratara, nos hace ver débiles antes una sociedad con genética machista y más aún se nos cataloga según nuestro periodo, empezamos a ser "verdaderas" mujeres cuando llega nuestro primer sangrado y quizá, en esta lógica, dejamos de serlo cuando la menopausia se acerca.

‌Como cualquier proceso con nuestro cuerpo, el menstruar requiere un mínimo de higiene y artículos para poder lidiar con satisfacción estos 5 a 8 días mensuales, toallas higiénicas, tampones, protectores diarios y por qué no una copa menstrual (poco conocida y usada), los cuales permiten que las mujeres no andemos por nuestros trabajos, por las calles o en un restaurante exhibiendo la sangre que nuestro cuerpo no usa cada mes. Claramente, cada uno de estos artículos presenta ventajas y desventajas para cada una de nosotras. Malos olores acumulados en las toallas higiénicas, la dependencia que nos generan los protectores diarios, pues cambian nuestro pH y hacen que sea inevitable dejar de usarlos por flujos constantes que presentamos, miedo a usar tampones y microfibras que estos pueden dejar en nuestro interior y finalmente el poco conocimiento, miedo y dolores bajos que nos puede representar el usar la copa menstrual.

‌Como se mencionó anteriormente, la higiene menstrual requiere de unos cuidados especiales, para poder contar con una buena salud física. No obstante, en un país en vía de desarrollo como Colombia, este cuidado se convierte en un bien de lujo, donde la escasez de recursos económicos, la falta de oportunidades sociales y laborales, la falta de educación y la brecha de desigualdad en el país, hace que miles de mujeres no atraviesen esta etapa de la vida de manera sencilla. El saneamiento básico es uno de los grandes impedimentos para que las mujeres se encuentren en óptimas condiciones, pues en muchas partes del país no es posible contar con acueducto y alcantarillado. Incluso, en escuelas y colegios la infraestructura no está disponible para resguardar la intimidad femenina, por lo que muchas niñas y jóvenes dejan de asistir en estos días del mes.

‌Teniendo en cuenta que la pobreza en Colombia se acerca a un 38% de la población y casi un 51% de esta es femenina, es posible decir que la higiene para este número de mujeres es muy difícil, debido a las precarias condiciones en las que vive parte de la sociedad colombiana; donde las mujeres rebajan sus cuidados a ropa vieja, con la cual evitan mancharse o papel sanitario en el mejor de los casos. Además, sin agua potable la higiene queda limitada a la disponibilidad de la misma. La pobreza menstrual tiene sus efectos según la población a la cual pertenezca una mujer y es en este punto que deja de ser un tema íntimo y privado, a un campo social y político.

El cuidado femenino durante las menstruación se ha convertido en un bien de lujo, donde incluso los gravámenes se fijan totalmente hasta hace unos pocos años en Colombia, gracias al movimiento #MenstruacionLibreDeImpuestos, se logró reducir el impuesto IVA del 16% al 5% en productos tales como tampones y toallas higiénicas. Esto no fue suficiente, ya que podría considerarse un impuesto excluyente que deben pagar las mujeres por el hecho de serlo y atravesar por el proceso menstrual. Por esto el movimiento continuó, y en el año 2018 en la reforma tributaria logró eliminarse por completo este impuesto, siendo Colombia el primer país de América Latina en dar este gran salto hacia la igualdad.

Ahora bien, en la actualidad se ha generado un debate sobre el impuesto a la copa menstrual, el cual es un artículo novedoso y amigable con el cuerpo femenino y con el medio ambiente. Una sola de estas copas tiene una duración promedio de diez años y no requiere más que conocimiento sobre su uso y agua para su limpieza, además de un acceso económico más amigable, pues en promedio puede tener un costo entre 40 y 50 mil pesos, con un IVA del 19%. El uso de la copa menstrual implica poder ahorrar durante unos 120 meses la compra de toallas higiénicas y tampones, y resulta ser una gran alternativa para reemplazar productos higiénicos que requieran gastos económicos constantes. Además, de la posible reducción al daño ambiental que produce el desecho diario de millones de productos higiénicos como toallas, tampones y protectores.

‌A pesar de esto, el gobierno argumenta que "es equivocado y sesgado creer que eliminar el impuesto ayudará a la economía de las mujeres", mostrando una actitud reacia frente al tema y a la implementación de nuevas tecnologías para las mujeres, las cuales podrían facilitar este proceso mensual en la población femenina colombiana. Igualmente, mantener este producto gravado impide su reproducción y difusión para que más personas puedan contemplarlo como una alternativa amigable. Aún queda un gran camino y no es suficiente con el retiro del impuesto a toallas y tampones, sino que es necesaria una educación sexual adecuada, donde las niñas y jóvenes encuentren la relación existente entre menstruación y reproducción, además del conocimiento del cuerpo femenino, el acceso a recursos necesarios para una salud plena y el goce y disfrute de la vida sin intervención ni impedimentos por el proceso menstrual.



Sobre la autora

Laura Ventura

Editora, Escritora

No todo está dicho, el tiempo es cambiante y es válido hablar sobre lo que se cree. Por esto escribo, porque es necesario tomar una posición frente a lo que se es y se vive, porque me gusta pensar que alguien puede identificarse en mi escribir. Hablo a partir de mi posición en la sociedad, como mujer, una mujer en proceso de deconstrucción que se denomina feminista. Amante de entender las dinámicas sociales a partir de la economía y la religión. Hablando sobre la delgada línea que separa la cara del sello.


El contenido de este artículo es propiedad de la Revista Cara & Sello

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